TRIARQUÍA
Significa “reinado de tres”.
El 3 es el número mágico de la existencia, expresión de la máxima estabilidad
con el mínimo esfuerzo; menos (1,2…) es muy poco; más (4…) es demasiado.
Para andar en monociclo hay
que ser un experto; algo menos se requiere para hacerlo en bicicleta, sobre dos
ruedas; los vehículos automotores requieren cuatro, pero son innecesarias, pues
pueden funcionar con tres, como los triciclos; incluso los carromatos con
tracción animal, carrozas y quitrines tienen sólo tres puntos de apoyo: ambas
ruedas y el noble bruto que tira de ellos. Un individuo parado en un solo pie
es inestable; sobre los dos adquiere equilibrio en un eje (transversal o
longitudinal), pero no en los dos, por lo que puede caer; pero, apoyado en un
bastón crea una base de sustentación triangular que le permite retar a la
gravedad incluso teniendo una edad avanzada.
El triángulo es la figura
geométrica que resume el equilibrio universal y a los sistemas de poder en la
naturaleza y en la sociedad, con su amplia base y su exclusiva cúspide; y no
por gusto se empleó como inspiración para las estructuras más sólidas y permanentes
creadas en la historia humana: las pirámides.
En la naturaleza, incluso el
ciclo de las estaciones, el proceso más estable y permanente que ocurre en
nuestro planeta, tiene tres momentos significativos (a pesar de que las
estaciones son cuatro): la primavera es el florecer, el renacimiento de la vida,
el verano es el calor intenso, la tendencia al reposo, mientras que el invierno
es el crudo frío, tiempo de tempestades. Renacimiento, reposo y convulsión,
como engranajes en el decursar de la existencia. El otoño es simplemente un
momento de transición entre verano e invierno, por lo que comúnmente se diluye
entre ellos.
En la sociedad el 3 asegura
la aplicación básica de la democracia: la toma de decisiones por la mayoría.
Con él no es posible un empate en la votación: o unanimidad o superioridad. De
modo que aplicar la triarquía, el principio del 3, a las estructuras y procesos
sociales, puede contribuir de forma notable a su estabilidad y equilibrio sobre
normas absolutamente democráticas, lo cual es el empeño común de todas las
tendencias políticas.
ALTERNABILIDAD
Llegar a la cúspide de
la pirámide para ejercer su poder es la máxima aspiración de todos los
integrantes de un sistema social, y para alcanzarla se enfrascan en pugnas
políticas por diversas vías. Una vez que lo logran, el empeño es mantenerse
indefinidamente en esa posición de privilegio, no cediéndola a sus adversarios.
Pero, tal como ocurre con las estaciones en la naturaleza, el verdadero
equilibrio se obtiene cuando entre los participantes se aplica la
alternabilidad en el ejercicio del poder.
El verano no puede
nunca presentarse antes que la primavera, y tampoco extenderse más allá del
otoño. Es ley inviolable para asegurar la estabilidad en la existencia, que
cuando un elemento agote sus posibilidades ceda el paso al siguiente, para
esperar su próxima ocasión, en ciclos que se extienden indefinidamente.
La alternabilidad en la
esfera social consiste en la posibilidad real de que varios protagonistas
(partidos políticos…) puedan ocupar la cima en la pirámide, accediendo al poder
de forma reglamentada y obligatoria, donde desarrollen sus propuestas de gobierno
durante 3 años (¡menos es muy poco; más es demasiado!), vencidos los cuales
cederán forzosamente su lugar al protagonista siguiente, en un orden
previamente establecido por el máximo órgano legislativo del país (Congreso
Nacional). Después, les tocará esperar la repetición del ciclo para volver a
disfrutar de este derecho.
Los ciclos de alternabilidad estarían dados
por el número de protagonistas en el proceso, que deben ser, recomendablemente,
3 (¡menos es muy poco; más es demasiado!). Para ganar un puesto en el “pelotón
de arrancada” los partidos políticos tendrán que competir, durante el período
de tiempo que establezca la Ley, en la obtención del favor de la opinión
pública, recogiendo adhesiones que serán luego evaluadas por la máxima
autoridad legal (Tribunal Supremo de Justicia), que decidirá cuáles tres
partidos serán incluidos en el venidero ciclo, y cuáles de los que ya estaban
serán excluidos por haber perdido el apoyo popular. Con tres partidos cada
ciclo será de 9 años (menos que lo que muchos aspirantes han dedicado a esperar
“un chance”, en el sistema actual).
ELECCIÓN UNIVERSAL
La alternabilidad no
significa eliminar los procesos electorales. Ellos tienen que ser expresión de
la voluntad popular para elegir a sus gobernantes. Lo que la alternabilidad
asegura es qué partido político estará en el poder en cada trienio del ciclo.
Pero igualmente se convocará a elecciones, pues en el partido de turno debe
haber varios aspirantes a Presidente, entre los cuales la población elegirá al
de su preferencia, quedando como Vicepresidente el del segundo lugar. En este
caso las campañas políticas preelectorales no serían con promesas de programas
y compromisos muchas veces demagógicos, como en la actualidad, pues todos los
candidatos responderán a una misma línea: la de su partido, en turno para el
ejercicio del poder. Las campañas se basarán exclusivamente en el conocimiento
de la ciudadanía sobre los valores, virtudes y prestigio de cada candidato. Se
evaluará lo que haya hecho durante su vida hasta el momento, y no lo que vaya
repitiendo como propuesta por hacer…
Las elecciones serán
universales, pues además del Poder Ejecutivo se elegirá a los asambleístas al
Congreso Nacional mediante la postulación libre de candidatos por todos los
partidos inscriptos, para obtener una representación de un asambleísta por cada
municipio del país (¡no más!), como expresión de la democracia representativa y
del poder popular. También se elegirá a los órganos de Gobierno intermedios
(alcaldes, prefectos, gobernadores… según el sistema local), así como a los
miembros de los concejos municipales, en este caso en cantidad proporcional a
la población del territorio, y con cuotas iguales para hombres, mujeres y
minorías étnicas (estos últimos sólo para asegurar que estén mínimamente
representados, pues igualmente podrá haber negros o indígenas entre elegidos
como hombres o mujeres).
Los procesos de
elección universal tendrán lugar cada tres años: en noviembre del último año de
gobierno del partido en turno, a fin de que diciembre siguiente sea período de
transición, y en enero del venidero año inicien los nuevos gobernantes. Y para esto
¡no se requerirá Consejo Electoral!, pues será misión del Tribunal Supremo de
Justicia organizar y arbitrar todo el proceso.
ESTADO MINÚSCULO
Reducir el tamaño del
Estado no sólo contribuye a combatir la burocracia y las tendencias a la
corrupción, sino además disminuye el gasto social y perfecciona el
funcionamiento del Gobierno. Propongo la siguiente composición:
1) Ministerio de
Gobierno: Registro Civil, Archivo Nacional, prensa y comunicaciones,
coordinación interestatal, y Defensa Civil para emergencias.
2) Ministerio de
Sociedad y Medio ambiente: trabajo y seguridad social, inclusión, cultura,
deportes, turismo, cultos, y atención a la naturaleza.
3) Ministerio de
Educación: todos los niveles educacionales, desde las guarderías hasta las
Universidades.
4) Ministerio de Salud:
todos los niveles preventivos y asistenciales de salud, higiene ambiental,
registros sanitarios, y situaciones de emergencia.
5) Ministerio de
Transporte: todas las vías de transportación pública, terrestre, naval y aérea,
así como de investigaciones y desarrollo en el área.
6) Ministerio de
Construcción: creación de infraestructuras y edificaciones, planes
habitacionales, obras viales y complejos hidráulicos.
7) Ministerio de
Producción Alimentaria: agricultura, ganadería, avicultura, pesca, y demás
formas de obtención y producción de alimentos.
8) Ministerio de
Desarrollo: áreas industriales, ligera, básica, pesada, biotecnológica, así
como de investigaciones en ciencia y tecnología.
9) Ministerio de
Producción Minera: explotación de yacimientos petroleros y de otros minerales,
así como de investigaciones en el área.
10) Ministerio de
Finanzas y Comercio Interior: control bancario, manejo de divisas, políticas
comerciales internas, control de calidad y precios.
11) Ministerio de
Relaciones y Comercio Exterior: esfera internacional del Estado.
12) Ministerio de
Institutos Armados: Policía Nacional, Inteligencia y Seguridad, Ejército,
Marina, Aviación, y convenios militares internacionales.
PODERES DEL ESTADO
Poder
Ejecutivo:
·
Presidencia.
·
Vicepresidencia.
·
Secretaría Ejecutiva.
·
Consejo de Ministros.
Poder
Legislativo:
·
Congreso Nacional.
·
Comisiones Parlamentarias.
Poder
Judicial:
·
Tribunal Supremo de Justicia.
·
Tribunal Constitucional.
·
Tribunal de Cuentas.
·
Cortes Judiciales.
VOLUNTAD POPULAR
En correspondencia con
la alternabilidad y los procesos electorales trianuales, el ejercicio de la
voluntad popular es el principal recurso de la democracia, materializándose
mediante consultas y referéndums que sean convocados por cualquiera de los tres
poderes del Estado, con idéntico peso en la obligatoriedad de llevarlos a cabo.
Pueden tener como motivación principal: definición y aprobación de políticas y
acciones que no se opongan o modifiquen de algún modo a la Constitución de la
República, procesos de análisis de la gestión presidencial y derogación
anticipada de su mandato, evaluación de estados de opinión pública sobre
asuntos de interés nacional o internacional. Aquellos aspectos que conlleven
modificaciones a la Carta Magna deberán ser aprobados previamente por el Poder
Legislativo y presentados a consulta popular como enmiendas constitucionales.
Si el volumen de las mismas lo impone requerirán de la convocatoria a una
Asamblea Constituyente, única instancia facultada para realizar cambios
profundos y radicales a la Constitución vigente, o elaborar una nueva.
EPÍLOGO
La sociedad es la más
grande obra humana. Se comenzó a construir desde que los primeros individuos
sobre el planeta comprendieron, sin siquiera meditarlo, que sólo uniendo sus
fuerzas podrían vencer al poderoso smilodon, cazar al colosal mamut, calentarse
en las frías noches, recorrer largas distancias, sobrevivir, en definitiva, en
medio de la naturaleza hostil que les rodeaba. Luego que apareció, toda la
existencia en el planeta Tierra fue compartida por esas dos colosales
entidades: la naturaleza y la sociedad. Con el desarrollo del Homo sapiens la
sociedad fue imponiéndose progresivamente a la naturaleza, y hoy ha llegado a
convertirse en su dominador por excelencia, e incluso, fatalmente, en su peor
devastador. La devastación progresiva de la naturaleza, como resultado del
incontrolable desarrollo científico y tecnológico de la Humanidad, pondrá en
serio riesgo de aniquilamiento a la sociedad, reduciendo las condiciones de
vida en el planeta, hasta convertirlo en una devastada roca en órbita alrededor
del Sol.
Hoy la ciencia cósmica se plantea el reto de
llegar Marte y colonizarlo mediante un ingente empeño de terraformación,
argumentando que eso podría ser, tal vez, la salvación de la Humanidad cuando
la Tierra, como consecuencia del tenaz empeño de marteformación que viene
aplicando inconscientemente la civilización, quede en las actuales condiciones
del planeta rojo. Yo digo que es mucho más fácil y sensato evitar la marteformación
de la Tierra, cuando aún estemos a tiempo, que pretender terraformar a Marte.
Entre el planeta rojo y el planeta azul, me quedo definitivamente con el
nuestro. Pero, para eso es indispensable que una conciencia colectiva universal
se apodere de todos los seres humanos, de todas las naciones, de la Humanidad
en general, con la certeza de que pertenecemos a una misma especie, con iguales
necesidades y derechos, por lo que a bordo de esta única nave sideral
correremos juntos la misma suerte: o mejoramos la imprescindible relación entre
la sociedad y la naturaleza para llegar al destino que nos espera en las
estrellas, o sucumbiremos irremediablemente en el empeño…
¿QUÉ ES MÁS IMPORTANTE,
LAS CAUSAS O LOS MOTIVOS?
Uno de los principales
retos que afrontan las personas en su cotidiano quehacer es comprender por qué
ocurren los múltiples y en ocasiones inesperados sucesos que rodean su
existencia. Y esto es muy importante, pues de ello depende una toma de
decisiones acertadas para salir exitosos en cada caso. Ante la influencia de
factores externos, que constantemente llegan por diferentes vías y agentes,
tanto ambientales como humanos, las personas tienen dos tipos básicos de
actuación: de manera reactiva y de forma racional.
El modo reactivo
responde a instintos propios de nuestra condición animal, inscriptos
indeleblemente en nuestros códigos genéticos, por los cuales toda acción
provoca una reacción. De modo que obramos instantáneamente, sin que medie una
evaluación de los hechos y las circunstancias en que se producen, con el único
interés de la preservación individual, desencadenando lo que se conoce como
instinto de conservación. Así, si escuchamos un disparo en nuestra cercanía la
reacción inmediata será encoger el cuerpo, bajar nuestra altura corporal, y no
ponernos a discernir sobre dónde se produjo la detonación o qué grado de
amenaza representa para nosotros. Es una reacción que puede salvarnos la vida,
pero que igualmente nos puede hacer correr en la dirección equivocada.
El modo racional
responde a procesos mentales propios de nuestra condición humana, y por tanto
exclusivos del Homo Sapiens, por los cuales sometemos toda influencia sensorial
al filtro de la racionalidad, a partir del conocimiento adquirido tanto por la experiencia
personal como por el aprendizaje, para evaluar el nivel de amenaza a nuestra
integridad, y entonces actuaremos en consecuencia no de forma impulsiva, sino
consciente. Un ejemplo para ilustrarlo: estamos en un descampado, y escuchamos
el poderoso estallido de un trueno; lo reactivo es arrojarnos de inmediato al
suelo, para no ser el objeto más elevado en el entorno, lo cual es adecuado,
pero sin dudas innecesario, porque la racionalidad nos indica lo siguiente: el
trueno que escuchamos ya no nos alcanzará, pues la descarga eléctrica viaja más
rápido que el sonido, y si logramos oírlo es porque ya cayó en otro sitio, y
además, si lo hemos leído en algún sitio sabremos que el tiempo entre el
relámpago que anuncia la caída del rayo y el trueno correspondiente permite
calcular a qué distancia estamos del fenómeno, si se acerca o se aleja, por lo
que tal vez estemos en condiciones para llegar, tranquilamente, a un lugar
seguro.
De modo que las
respuestas racionales son las más adecuadas ante factores externos de diversa
índole, sin olvidar, por supuesto, que en numerosas ocasiones la magnitud del
peligro obliga a actuar de forma reactiva, cuando es evidente una amenaza
inminente, pero incluso en estos casos extremos saldremos mejor parados si
estamos preparados, lo cual es un resultado de la racionalidad en nuestro
comportamiento habitual.
El secreto está en
desarrollar la capacidad de prevenir y actuar frente a riesgos y amenazas del
entorno, con lo que nuestras reacciones no serán primitivas, sino que
responderán a habilidades conscientemente adquiridas y perfeccionadas. Es lo
que ocurre con un maestro en artes marciales que, inesperadamente, recibe un
asalto en la calle; su preparación racional le permitirá responder
instintivamente al ataque con más efectividad que alguien no previamente
preparado, devolviendo no manotazos al aire, sino contundentes maniobras que
aniquilen a los agresores.
Los casos extremos que
he puesto como ejemplos no se dan, afortunadamente, todos los días y en todos
los contextos. Pero, lo que sí se da continuamente son situaciones provocadas
por el comportamiento de las personas que nos rodean, incluso nuestros seres
más queridos en el seno familiar, generando estados de ánimo desagradables y
traumáticos, ante los cuales tendremos, inevitablemente, dos maneras de
responder: de forma reactiva o de modo racional.
La primera generará sin
dudas un conflictivo círculo de acción-reacción, que de ningún modo permitirá
resolver el problema, sino más bien lo agrandará. En cuanto a la segunda, es
obviamente la respuesta adecuada, pero para eso tendríamos que estar preparados
para el correcto ejercicio de nuestra racionalidad.
Todos los seres humanos
pertenecemos a la especie Homo Sapiens, el “hombre que sabe”, que apareció en
el planeta hace más de 300 mil años para finalmente conquistarlo, superando a
las demás especies de homínidos e incluso a la propia Naturaleza. La Antropología
otorga una definición superior a nuestra especie, con el nombre Homo Sapiens
Sapiens, que significa “hombre que sabe que sabe”. Pero, fatalmente, esto no
identifica a toda la diversidad de seres humanos que han existido, existen y
existirán sobre la Tierra, pues, si bien todos poseemos, por dictamen genético,
la propiedad de ser inteligentes, muchísimos más que los deseados no tienen la
capacidad necesaria para ejercer de forma adecuada dicha propiedad. En resumen:
“no saben que saben…” Para ese elevado por ciento de seres humanos la
racionalidad es un concepto desconocido. Y todas sus acciones en el cotidiano
quehacer están dictadas por un brutal y primitivo principio de reacción, con
sus catastróficas consecuencias tanto en el plano familiar como social.
La clave para desarrollar
y aplicar la racionalidad en nuestras acciones es muy sencilla, y así como el
modo reactivo se basa en la fórmula acción-reacción, el racional tiene como
fundamento otro modelo: el de causa-efecto. El fundamento de dicho modelo es un
principio inherente a la propia existencia material en el Universo: todo
proceso, no importa su naturaleza y magnitud, es el efecto de una causa que le
da origen, y a la vez se convierte en causa de un efecto subsiguiente, en un
proceso indetenible de transformaciones dialécticamente indetenible a todo lo
largo de la existencia. Nada escapa a esta dinámica, desde las infinitas
extensiones cósmicas hasta las relaciones interpersonales en la sociedad
humana.
Para diversas
corrientes filosóficas a lo largo de la historia del pensamiento científico el
determinismo es la piedra angular para explicar la existencia, resumiéndose
como que todo efecto está determinado por una causa, y se convierte a su vez en
causa de un nuevo efecto, en una espiral ascendente de desarrollo mediante una
acumulación de cambios cuantitativos que provocan transformaciones
cualitativas. Incluso fenómenos caóticos e imprevistos, muy comunes en la
existencia, responden a procesos causales, en algunos casos sumamente complejos
y difíciles de comprender, y en otros aún desconocidos por la ciencia.
Pero, dejando de lado
las complejidades del quehacer científico, es posible en la simple
cotidianeidad de las relaciones interpersonales aplicar los fundamentos de un
determinismo efectivo y singular, desarrollando la capacidad para descubrir, en
las acciones de quienes nos rodean, las verdaderas causas, y no aquello que
pudiera justificarlas a simple vista: motivos que pueden desencadenar los efectos,
pero que, en ningún modo los originan.
El principal error en
la evaluación del comportamiento humano consiste en confundir causas con
motivos. Toda actuación tendrá ambos componentes, pero las consecuencias de
unas y otros son muy diferentes. Mientras las causas generan efectos y son la
real explicación de su existencia, los motivos provocan que se manifiesten. Las
causas de un determinado proceso pueden estar latentes durante largos períodos
de tiempo, incubándose en la existencia individual o social, pero sólo cuando
ocurra un determinado motivo tal efecto se presentará. Las causas son como el
barril de pólvora, mientras que los motivos serán la chispa que lo hará
estallar. Una enfermedad se manifiesta por los síntomas que motivan malestar y
deterioro de la salud, pero la verdadera causa no está en la fiebre o el dolor,
sino en el mal funcionamiento de un determinado órgano o sistema corporal.
Así que para un correcto ejercicio
de racionalidad en la toma de decisiones en el marco de las relaciones humanas
es indispensable tener la necesaria capacidad para distinguir las verdaderas
causas de un efecto, de los motivos que pudieron desencadenarlo. Por ejemplo:
un estallido de violencia entre ambos miembros de una pareja parecería motivado
por una cierta actuación de alguno de sus integrantes, un acto indebido o una
palabra mal interpretada. En medio de la crisis sería imposible para ellos
identificar a ese motivo como solamente “la gota que colmó la copa”,
desconociendo que la verdadera causa del conflicto es otra realidad, que fue
acumulándose hasta provocar que la copa estuviese llena hasta su borde.
En tal caso, la ayuda de un psicólogo u
otro profesional, como observador externo y no comprometido con esa realidad,
podría evidenciar causas como: incomunicación en la pareja, ausencia de
confianza mutua, exclusión en las decisiones, problemas traumáticos o de
personalidad en algún miembro, etc. De modo que la correcta solución del
conflicto estaría en abordar las causas y no agotarse en la exposición de los
motivos.
Estoy ahora en condiciones de responder
la pregunta con que titulo este artículo: ¿qué es más importante: las causas o
los motivos…?
Sin dudas no es adecuado quedarse sólo
con los motivos de los efectos, sobre todo si estos son problemáticos, pues con
eso sólo comprenderemos por qué se manifestaron, pero no por qué surgieron, de
modo que no podremos resolverlos exitosamente. Es preciso descubrir las causas,
y cómo modificarlas para eliminar el trauma causado.
Sin embargo, siempre se requerirá de
acciones que permitan a los efectos manifestarse, darse a conocer, y esa es la
misión de los motivos. En resumen, son importantes tanto unas como otros,
cuando se aplican con absoluta racionalidad en nuestra toma de decisiones. No
basta con albergar profundos sentimientos hacia una persona… es indispensable
demostrarle amor, hacer que se sienta amada. El amor es la verdadera causa de
nuestra actuación, y nuestras acciones amorosas conllevan los motivos para
obtener, como efecto, una profunda y verdadera relación interpersonal. Tal es,
en definitiva, la clave de la felicidad…
EL AMOR EN LA TRASCENDENCIA HUMANA
La sociedad humana está
obligada a trascender, pues sólo con el tránsito de una generación a otra se
hará realidad su desarrollo frente a las crudas exigencias de la Naturaleza. El
ser humano necesita trascender, pues gracias a ello su esencia espiritual se
conservará de hijos a nietos y demás descendientes, haciendo válida la obra de
la vida. Trascender conlleva la máxima aspiración de la inteligencia humana,
tanto en lo individual como en lo social. Por eso cada individuo inteligente se
empeña en ocupar, con sus pensamientos y acciones, un lugar en el recuento
histórico de sus semejantes.
Mientras la inseminación
artificial y la clonación humana no sean prácticas plenamente aceptadas y
establecidas, el único modo de trascendencia biológica que tiene el Homo
Sapiens es mediante la procreación sexual. La relación íntima entre personas de
sexos diferentes ha tenido, a lo largo de la historia humana, este propósito al
margen de normas morales y legales que la civilización fue instaurando con su
evolución social. La sabia Naturaleza contribuye a ese fin de forma
determinante…
Así, el “homo macho” posee
capacidad física para preñar a infinidad de mujeres, y superar los límites de
la gestación, que inhabilita durante meses la capacidad reproductiva del “homo
hembra”, lo cual permitió a la especie humana crecer y multiplicarse para
dominar el planeta. Esto es absolutamente real, aunque moleste a movimientos
feministas que pretendan desconocer el rol de fornicador por excelencia del “homo
macho” y aspiran a la igualdad total entre los sexos, imposible de alcanzar,
pues somos biológicamente diferentes. En ese fundamento biológico establecido
por la Naturaleza están las consabidas causas del machismo y de la dominación
masculina sobre las féminas, asumiéndolas, desde siempre como objetos de
placer.
Las mujeres se adaptaron a
esa condición, al extremo de que, conscientemente o no, participan en el
mercado sexual vendiendo sus imágenes en concursos de belleza, desfiles de
modas, y otras exigencias de la sociedad de consumo, bajo el reclamo de un determinado
“libre albedrío” que, en gran medida, contribuye a la desestabilización de la
sociedad. Esta, históricamente ha pretendido normalizar las relaciones humanas
mediante leyes y procedimientos “civilizados”, uno de los cuales es el
matrimonio, concebido como la unión legal entre un hombre y una mujer, con una
necesidad sobre todo de tipo administrativo, no biológico, pues, para tener
hijos no hace falta estar casados; pero para establecer condiciones de vida y
derecho a bienes materiales sí…
Pero, como dice el dicho, “es peor
el remedio que la enfermedad”, pues, el matrimonio trae aparejadas varias
consecuencias:
a)
Primero: se instaura
el sentido de propiedad en el seno de la pareja, la dominación de uno sobre
otro, el hábito de decir; “eres mío(a)”, causa de infinidad de males como la
celopatía y la violencia doméstica.
b)
Segundo: lo anterior
hace necesaria la mentira en las relaciones íntimas, disimular los verdaderos
sentimientos, bien por temor a represalias violentas o a la pérdida de
beneficios materiales.
c)
Tercero: lo anterior
hace inevitable la infidelidad, buscar en las sombras las verdaderas pasiones y
sentimientos que no se encuentran en la relación matrimonial.
d)
Cuarto: todo lo
anterior desencadena la esclavitud conyugal. ¡Nunca mejor usado el término!...
conyugal significa con yugo, que como explica el diccionario, es el “dominio u
opresión que una o varias personas ejercen despóticamente sobre otras”.
A estas alturas de mi diatriba es lógico
suponer que estoy en contra del matrimonio, lo cual es cierto por considerarlo
una gran inutilidad sentimental, a pesar de que tengo más de 40 años de casado
(¿será justamente por eso…?). Pero no estoy en contra del amor… ese profundo
estado afectivo que puede relacionar entre sí a dos personas (de distintos o
iguales sexos) para compartir empeños comunes en la vida.
El amor puede manifestarse de varias
formas:
·
Paternal/maternal: el
de padres y madres hacia los hijos, siendo inconmensurable.
·
Filial: el de los
hijos hacia padres y madres, comúnmente indefinido y condicionado.
·
Fraternal: el de los
hermanos y amigos, que puede llegar a ser incondicional.
·
Divino: desde la fe
que se profesa, siendo reverencial, basado en el respeto y el temor.
·
Conyugal: el menos
real, sustentado por un contrato social entre las partes.
El amor ha de estar presente en todo empeño de trascendencia humana. Sin dudas trascenderá aquello que se construya con amor, cualquiera sea su naturaleza… bien sea la escritura de un libro, la creación de una obra de arte, la forja de una profunda amistad, o la unión entre dos seres para procrear un hijo. Para esto último no hace falta un procedimiento artificial, como es el matrimonio. Se requiere de una amistad sin barreras, donde cada una de las partes esté decidida a asumir luego sus deberes paternales/maternales sin la necesidad de un contrato social… simplemente por amor. Semejante amor no aceptará el sentido de propiedad, erradicará la mentira, hará innecesaria la infidelidad, y no dará sitio a la esclavitud conyugal. ¡ESTARÁ BASADO EN EL PLENO EJERCICIO DE LA LIBERTAD!