LUDOLOGÍA 7 (Pedro Fulleda Bandera)

             Desde sus orígenes la ética fue un contenido de la filosofía y fueron los filósofos del antiguo mundo clásico, griego, quienes formularon las primeras líneas de pensamiento en torno a las normas que deben regir el comportamiento humano dentro de principios morales basados en el ejercicio de la bondad con diversas motivaciones, tanto religiosas como de convivencia social. Desde el enfoque de la Ludología, la ética es una disciplina básica que hace un acercamiento al tema del juego desde la formación en valores, por lo que sus aportaciones teóricas resultan fundamentales. La esencia de las doctrinas éticas es el estudio de la bondad, cualidad que cuando se ejercita en la sociedad humana contribuye a su más adecuado funcionamiento por la calidad en las relaciones interpersonales basadas en el respeto al derecho ajeno.

Las diversas escuelas filosóficas han tratado el tema ético del bien como la más elevada cualidad humana, que se persigue en función de la felicidad, del deber o de la perfección en el comportamiento, en correspondencia con modelos que pueden estar en un dios, en la naturaleza o en el razonamiento personal, según lo cual la satisfacción en la vida se alcanza cuando una persona consigue la perfección mediante el cumplimiento del deber, lo que le otorga felicidad, proceso para el cual es fundamental aplicar como recursos efectivos la prudencia, el placer y el ejercicio del poder. Diversas doctrinas filosóficas han desarrollado estos conceptos en sus formulaciones éticas a lo largo de la historia de la Humanidad. Para la Ludología las herramientas de prudencia, placer y poder tienen una connotación diferente a la que le han otorgado las doctrinas éticas clásicas. De tal modo, el placer se considera derivado del desarrollo humano, la prudencia se vincula al ejercicio de la libertad, mientras que el poder se aplica en sus diversas formas y esferas de influencia, desde el individuo hasta la comunidad.

La necesidad de normar las relaciones personales en el seno de la sociedad humana, a fin de que estas fluyesen del modo más adecuado y harmónico posible, impuso la observancia de normas de comportamiento y fundamentos morales en los grupos humanos desde el surgimiento de la civilización, precisando lo que era bueno y lo que era malo, lo aceptable y lo rechazable. Pero fue en la Grecia clásica donde los fundamentos éticos alcanzaron dimensión epistemológica, al vincularse con las doctrinas filosóficas elaboradas por los grandes pensadores de la época. Como consecuencia de su largo recorrido histórico, los conceptos éticos han llegado hasta nuestros días con una validez reconocida y aceptada, incluso al margen de las doctrinas filosóficas, adquiriendo la ética categoría de ciencia en sí misma.

Un propósito esencial de la disciplina es indagar en torno a la relación del ser humano con la realidad, lo que se ha realizado a partir de dos concepciones básicas: materialistas, que plantean la existencia material de la realidad, e idealistas, que concluyen que esta es un producto de nuestras ideas. Ambas concepciones ideológicas han conllevado aplicaciones prácticas en el campo de la política y demás relaciones sociales. Así, el materialismo, al reconocer la existencia objetiva de la realidad abre las puertas a la posibilidad de modificarla con la acción individual, lo cual es la base para corrientes revolucionarias en la sociedad humana, en tanto que el idealismo, al negar esa objetividad cierra tal posibilidad, pues es atribución exclusiva de una idea superior, con la que se identifica la voluntad de Dios. Materialismo e idealismo han sido doctrinas filosóficas antagónicas hasta nuestros días.

La aplicación de la ética a la pedagogía se concreta con la formación en valores, que ocurre como resultado tanto de la educación formal como de la no formal, y es por tanto atribución de las instituciones educativas, así como de las familias y demás factores que configuran la cultura en la comunidad, lo cual incluye, por supuesto, a las actividades lúdicas. La formación en valores tiene que ser un componente permanente y privilegiado en todo empeño educativo, pues no basta con aportar conocimientos, habilidades y destrezas a las nuevas generaciones, sino que es incluso más importante dotarlas de convicciones morales y hábitos de conducta que les permitan interactuar del mejor modo en el seno de la sociedad, creando así ciudadanos que se propongan ser cada vez mejores seres humanos.

También la sociología considera aplicaciones de la ética en sus concepciones teóricas; la más importante tiene que ver con el desarrollo humano, que en algunos casos es considerado como un resultado del estado de bien-estar mientras que en otros requiere de las condiciones del bien-ser, así hay sociedades donde la calidad de vida no se mide por el nivel de confort y consumismo de los pobladores, sino por el grado de calidad humana que practican, incluso viviendo en condiciones materiales extremas. El ascetismo de los monjes tibetanos es un buen ejemplo de esto. En la práctica social los fundamentos éticos son contenidos en las normas que rigen el funcionamiento de sus estructuras básicas, como son los centros laborales, educativos y otras dependencias, y también en la familia, aunque no estén escritos en un documento, pero sí forman parte de las denominadas buenas costumbres que rigen el comportamiento de las personas en la sociedad. De modo que el estudio de la ética como disciplina es esencial para alcanzar un adecuado nivel de comprensión de tales fundamentos.

La justicia, la profesionalidad y la excelencia son principios éticos que rigen la actuación personal responsable en diferentes ámbitos sociales, razón por la cual se elaboran y aplican los denominados códigos de ética como constancia de que tal voluntad existe y se trabaja en consecuencia para alcanzarlos. Lamentablemente, en más ocasión que las deseadas tales principios se violan y se subordinan a intereses más pragmáticos y materiales, bajo el lema de “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”, lo cual daña la confianza de las personas en las instituciones, lo que es extremadamente malo cuando ocurre en el seno familiar, escolar, laboral o comunitario, donde se convierte en la principal debilidad de la demagogia política.