LUDOLOGÍA 6 (Pedro Fulleda Bandera)

La comunicación es la acción más permanente y constante que realizamos, no sólo los seres humanos, sino todo lo que existe en el Universo. El hecho de vivir en colectivos sociales impone la necesidad de que se establezcan interacciones entre sus miembros para lograr todos los fines de la existencia. En esa dinámica social, la comunicación adopta formas muy diversas, una de las cuales está conformada por las actividades lúdicas, lo cual es tema de estudio para la Ludología.

El acto comunicacional sucede cuando entre un agente transmisor y un agente receptor ocurre el intercambio de mensajes en códigos compartidos por ambos, lo que otorga significado al contenido transmitido. Al intercambiarse las funciones de transmisor y receptor entre los participantes se produce el diálogo que propicia la interacción en la sociedad. El código empleado puede ser muy diverso, tanto en forma oral como gestual, o mediante el uso de otros signos, con la única condición de que sus significados sean conocidos por todos los participantes. Si el código es desconocido por algunos de los participantes estos quedan privados de la capacidad de comprensión del lenguaje transmitido, y por tanto son excluidos del acto comunicacional. La leyenda bíblica de la torre de Babel cuando Dios confundió los dialectos que hablaban sus constructores para evitar que se pusiesen de acuerdo, frustrando con eso el proyecto constructivo ilustra muy bien la necesidad de compartir códigos con significados conocidos para poder comunicarse socialmente.

La comunicación es una constante tanto en la naturaleza como en la sociedad. En la naturaleza son múltiples las muestras de acciones de intercambio de información, tanto entre plantas como entre animales, empleando una gran variedad de vías y códigos. Pero es en la sociedad humana donde esta acción se ha multiplicado notablemente con el desarrollo científico-técnico, impulsando a las tecnologías de la información y la comunicación, las conocidas TICS. Con la creación y progresivo perfeccionamiento de Internet la comunicación en la sociedad humana ha alcanzado niveles planetarios, permitiendo el intercambio de información a escala global y en todas las esferas del conocimiento. De modo que en la actualidad la verdadera riqueza cultural de una sociedad está determinada por la variedad de códigos de comunicación que utilicen sus miembros.

Tales códigos abarcan tanto los aspectos superestructurales como estructurales o funcionales. En el caso de los primeros la lúdica es su máximo exponente, con el juego, el arte, el deporte, la religión, la educación no formal y otras manifestaciones de la espiritualidad como sus manifestaciones concretas de interacción social; en cuanto a los procesos funcionales, se refieren a las estructuras que aseguran el adecuado funcionamiento de la sociedad mediante la educación formal, la economía, las leyes, las relaciones nacionales e internacionales, y los idiomas como herramientas para el entendimiento y la cooperación.

El estudio de la comunicación social no posee antecedentes tan extendidos como otras disciplinas humanísticas, pues en la antigüedad no se le prestó adecuada atención al acto de comunicarse entre sí, considerándolo una acción absolutamente natural. Fue Aristóteles quien en la Grecia antigua promovió la denominada retórica, una técnica dirigida al convencimiento de las multitudes mediante la palabra, lo cual dependía sobre todo de las habilidades espeses expresivas del orador. La invención de la imprenta dio un notable impulso a la comunicación social, permitiendo la edición de publicaciones con las que masificar los mensajes que se transmitían a la comunidad, lo que dio origen a los primeros periódicos como vehículos informativos. Pero los estudios sobre la disciplina, particularmente en torno a la retórica o habilidad para arrastrar a multitudes mediante el discurso, se hicieron eficaces con la práctica demagógica de los regímenes fascistas en Italia y Alemania en la preparación de la Segunda Guerra Mundial.

La comunicación social como ciencia se divide en varias áreas o tipos, siendo la comunicación interpersonal la que interesa a la Ludología, por ser la que ocurre en el intercambio directo entre las personas, las que no pueden evitar estar constantemente comunicándose con sus semejantes en el entorno social. El ejercicio de la comunicación interpersonal encuentra una base psicológica en la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Garner, particularmente en dos de las ocho formas que enumera: la inteligencia interpersonal y la inteligencia interpersonal. Se trata de un tema transversal en la actividad humana, que encontraremos en estudios pedagógicos, sociológicos y psicológicos. Tener en cuenta la existencia de las inteligencias personales permite aplicar en el proceso educativo estilos de aprendizaje adecuados a las mayores probabilidades intelectuales e intereses de las personas. Las acciones lúdicas basadas en el pleno ejercicio de la libertad potencian el uso de las inteligencias personales estimulando la obtención del placer con actividades en correspondencia con tales gustos y capacidades personales. Así, propiciar la práctica de juegos educativos y con alta carga de socialización contribuye a estimular dichos tipos de inteligencia, al tiempo de facilitar la inserción del individuo en un determinado colectivo; esto es, encauzar y resolver sus necesidades de comunicación social, todo lo cual cuando ocurre en la infancia y la adolescencia es una indispensable e insustituible preparación para una posterior vida adulta exitosa.

Tal influencia de las acciones lúdicas en el desarrollo de las inteligencias personales se concreta particularmente con la adquisición, por parte del individuo, de determinadas habilidades sociales, que son capacidades para su comunicación con la sociedad en que se desenvuelve. Esas habilidades sociales consisten en normas de conducta basadas en valores que a través del juego se hacen parte de la personalidad en desarrollo de niños y adolescentes, y de ahí la importancia del conocimiento y la acumulación de experiencias vivenciales para incrementar las posibilidades personales de interpretar adecuadamente los estímulos que se perciban del entorno. El déficit en estos recursos es lo que hace a niños y niñas altamente vulnerables a riesgos y amenazas que no son capaces de comprender, aunque puedan percibirlos.

Semejante acto de percepción no puede calificarse como comunicación social, ya que aún no están presentes la racionalidad que permite evaluar el mensaje percibido y los códigos compartidos que permiten comprender su contenido. En la cotidianidad es lo que ocurre cuando alguien nos habla, pero no alcanzamos a comprender lo que dice, bien porque se presa en un argot o lenguaje desconocido, o porque emplea exabruptos que hacen ininteligible su expresión. Así, que para que exista la comunicación social, esa que requiere de un transmisor y un receptor, no basta con el acto físico de la percepción de estímulos externos, sino que es indispensable el proceso mental para procesar y comprender el mensaje recibido, interpretando sus códigos según la base de datos que tiene que estar en nuestros mapas mentales. Esta es la base psicológica del aprendizaje significativo en pedagogía, así como de la inteligencia emocional, pues tal experiencia vivencial se acumula en forma de emociones y sentimientos.

Así como percibir no es igual que sentir, pues en el primer caso es un efecto absolutamente físico, sensorial, y en el segundo es un resultado intelectual y emotivo, tampoco son iguales oír y escuchar, mirar y ver, hablar y decir. Siempre se puede oír, cuando nuestros oídos captan los sonidos provenientes del entorno, pero eso no significa que se estará escuchando, ya que eso infiere la interpretación de los mensajes contenidos en tales sonidos, completándose de ese modo el proceso de comunicación social. Mucho más frecuentemente que lo que suponemos nos limitamos a oír, pero sin escuchar, con lo cual el acto comunicacional se rompe, perjudicándose las relaciones interpersonales.

Así como ocurre con el oír y escuchar pasa con el mirar y ver. Siempre que dirijamos la vista en una dirección donde existan adecuadas condiciones de iluminación, podríamos mirar lo que hay allí, pero para ver se requiere algo más, generalmente la intencionalidad de descubrir algo, de priorizar la búsqueda para encontrar lo deseado. Cuando se mira, la visión actúa como una cámara fotográfica en ángulo ancho, captando el panorama; cuando se ve, actuará como un lente enfocado en un punto del paisaje a fin de captarlo con toda claridad, a costa de dejar el resto en la indefinición. Mirar es una acción automática, refleja, en tanto que ver es un propósito intencional, reflexivo. Todos tenemos la capacidad de mirar, pero no todos poseemos la de ver en cualquier circunstancia, y es preciso aprender a hacerlo para mejorar nuestra capacidad de comunicación social. Los test de inteligencia con estímulo visuales se basan en estos dos tipos de capacidades: la de mirar la realidad percibida y la de ver la realidad deseada, así que siempre debes responder a lo primero que veas en una imagen, tu realidad percibida, y no todos tienen la capacidad intelectual para apreciar la realidad deseada, oculta en la imagen.

Quizás la comparación en que los resultados afecten con mayor frecuencia al acto de comunicación social es la que ocurre entre hablar y decir. El personaje de Cantinflas lo ilustra a la perfección… habla mucho, pero dice nada. El hablar es la verborrea, el derroche de palabras con que solemos bombardear a los demás; pero para que se produzca el decir tales palabras tienen necesariamente que contener un mensaje comprensible y aceptado. En el primer caso, el auditorio se protegerá simplemente oyendo, pero no escuchando; en el segundo caso, cuando el contenido lo que decimos sea significativo para ellos, seguramente además de oír nos escucharán. En la práctica profesional, sobre todo de pedagogos, sociólogos, psicólogos, comunicadores sociales y cualquier persona ocupada en transmitir mensajes a los demás, es fundamental eliminar el hablar e implementar el decir, para lo cual bastará con indagar que contenidos pueden ser significativos para el auditorio, a fin de discursar sobre ellos. Comúnmente quienes hacen derroche de conocimientos y se van por encima del interés colectivo, están cultivando su egolatría y pretenden escucharse a sí mismos. Al final es común que los participantes concluyan: “se ve que sabe ese profesor, pero la verdad es que no le entendí nada”. Al igual que Cantinflas simplemente habló, pero dijo nada.

Comunicarse con los demás es la mayor razón de vida para cada persona, y el modo más efectivo de lograrlo es teniendo la capacidad de ponerse en los zapatos del otro, esto es desarrollando la empatía, el sentimiento de experimentar las vivencias ajenas como si fuesen propias. La relación empática es lo que nos permite alcanzar cada vez más una posición más alta en la condición humana. La comunicación social se realiza mediante códigos compartidos por los miembros de una sociedad. El lenguaje oral, escrito, gestual, y otra forma de comunicación interpersonal están basados en signos que conforman los códigos con significado compartido. La disciplina que estudia tales signos es la semiótica. Aunque ya desde la antigüedad griega filósofos como Platón y Aristóteles exploraron la relación entre los signos y el mundo, no es hasta inicios del siglo XX cuando se configura la nueva ciencia y se crean las bases para la interpretación semiótica de la comunicación social. Los lingüistas Ferdinand D´Saussure, y Humberto Eco son figuras destacadas en este proceso. En el campo de la semiótica existen diversas áreas, y una de ellas se dedica al uso de los signos en función de la recreación y el juego. Los acertijos son una muestra de eso. En el ejercicio diario de la comunicación social.

Los seres humanos se ven continuamente en la necesidad de establecer negociaciones entre ellos. Negociar significa ponerse de acuerdo, intercambiar intereses para llegar a conclusiones compartidas, a fin de tomar las decisiones más adecuadas para actuar. La toma de decisiones es el momento cumbre y definitivo de la acción comunicacional humana, que se inicia con el intercambio interpersonal y sigue con el acto de la negociación. Tomar decisiones significa elegir entre varias variantes de actuación aquella que mejor convenga a los intereses y necesidades propios, lo que puede hacerse desde dos condiciones previas: bajo el impulso de los sentimientos y emociones, provocando decisiones emotivas, o bajo el rigor de la lógica y el razonamiento, generando decisiones racionales. Con mayor frecuencia que la deseada las personas equivocan el método y toman decisiones equivocadas que les conducen al fracaso y la frustración, pero a tomar decisiones acertadas se puede aprender.