LUDOLOGÍA 3b (Pedro Fulleda Bandera)

Los historiadores dividen el decursar de la civilización en varias etapas, considerando hechos puntuales para marcar el paso de una etapa a la siguiente. Así, la invención de la escritura marca el final de la prehistoria y el inicio de la historia; la caída del imperio romano de occidente es el fin de la edad antigua y el inicio de la media. La toma de Constantinopla por los turcos marcó el inicio de la edad moderna. La Revolución francesa es la llave de paso hacia la edad contemporánea. Pero la historia de toda la Humanidad hasta nuestros días ha estado presidida por el principio fundamental del desarrollo mediante la capacidad de asimilación energética, o ejercicio del poder, de modo que la mejor forma de estructurar ese transitar es a través de fronteras tecnológicas marcadas por el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. En este aspecto existen tres grandes etapas: la era agrícola, la era industrial y la era atómica. Ellas se corresponden con las tres olas mencionadas por Alvin Toffler en su teoría de los sistemas de poder.

             La era agrícola significó una revolución en la dinámica social de las civilizaciones primitivas durante el paso de la prehistoria a la historia. Ocurrió cuando el ser humano descubrió que podía depositar una semilla en la tierra y obtener al cabo de un tiempo una planta de esa misma especie, que le aportase recursos para su alimentación y demás necesidades. Con el surgimiento de la agricultura y de la ganadería asociada a ella la sociedad humana pudo pasar de la etapa nómada a la sedentaria, lo cual trajo un conjunto notable de cambios y beneficios para su desarrollo. Los asentamientos urbanos en terrenos de cultivo y al lado de ríos que permitían el riego de los campos fueron la base para la socialización al más alto grado y consolidaron la capacidad de asimilación del entorno para los seres humanos, incrementando su poder sobre la naturaleza.

El paso a la era industrial constituyó un extraordinario salto tecnológico para la especie humana con el incremento de su capacidad para producir bienes de consumo, pasándose de la manufactura a la producción en gran escala y una mayor complejidad. El elemento dinamizador del cambio fue la invención, en Inglaterra, de la máquina de vapor que hizo posible incrementar sustancialmente la fuerza motriz animal hasta entonces predominante, con el empleo de mecanismos construidos por el hombre a tal fin. Con este invento se consolidó la civilización de primer grado en el planeta Tierra mediante el aprovechamiento de recursos naturales como los árboles y el carbón para la producción energética.

La era atómica marca el final de la civilización de primer grado en la Tierra y los primeros pasos hacia una civilización de segundo grado. Obtener energía de elementos naturales radioactivos como el uranio, el radio y el cobalto, fue el primer paso, pero ya se avanza en el uso de otras fuentes ilimitadas vinculadas con las emisiones solares. La conversión de las radiaciones de fotones y electrones provenientes del Sol en energía atómica limpia y permanente es el primer paso en el tránsito hacia otro nivel de civilización con el incremento de la capacidad de asimilación del entorno, o poder de la Humanidad sobre la naturaleza.

A través de su tránsito por las diferentes etapas históricas el poder en la sociedad humana ha estado caracterizado por dos aspectos significativos: las formas que adopta y las esferas de influencia sobre las que actúa. El poder, interpretado como capacidad de asimilación del entorno para el desarrollo, no se limita a los conceptos que con igual nombre se aplican en la esfera política, económica o militar, por lo cual en su expresión universal adopta tres formas específicas de manifestación: la violencia, la riqueza, el saber. Es posible encontrarlas en cada una de las etapas históricas en que ha sido dividido el decursar de la civilización y su estudio permite comprender y explicar con exactitud la dinámica social desde sus orígenes y hasta nuestros días.

La violencia es la forma primigenia de manifestación del poder presente con exclusividad en la naturaleza y en la sociedad prehistórica. Su principal debilidad es que genera una respuesta proporcional a su aplicación, en lo que se conoce como acción- reacción, lo que es una ley física que se aplica tanto en la naturaleza como en la sociedad. La riqueza es una forma de ejercicio del poder exclusiva de la sociedad humana, que no se encuentra en la naturaleza, siendo la predominante en estos tiempos. Su principal debilidad es que en la práctica social la reacción al poder de la riqueza es el detonador de la violencia. El saber es una forma de poder exclusiva de la sociedad humana a partir de un momento histórico de su evolución, imponiéndose cada vez más en la civilización moderna. Su principal fortaleza es que la confrontación de ideas que caracteriza la lucha por el conocimiento es la base del desarrollo científico-técnico de la Humanidad, por lo que la oposición al saber genera más saber.

Otro aspecto para considerar en el estudio de los sistemas de poder es el de las esferas de influencia donde se ejerce en todas sus formas. Estas son las siguientes: el individuo, la familia, la comunidad, elementos que configuran a la sociedad humana. El individuo es el nivel primario inicial de todo el estudio sociológico y por tanto el punto de partida para la aplicación del poder en todas sus formas dentro de la sociedad humana. Es en este campo donde los objetivos y procedimientos de la sociología y la psicología coinciden, pues el ejercicio del poder en el individuo está inseparablemente ligado con su actividad psíquica, su capacidad de apreciación de la realidad y toma de decisiones. La familia es la piedra angular de la sociedad, pues es en ella donde ocurre la concertación de intereses de los individuos para actuar en función de la comunidad, comenzándose por la infancia. El estudio y evaluación del ejercicio del poder en el seno familiar corresponde tanto a la sociología como a la psicología, así como a la pedagogía, por cuanto los procesos que ocurren en la familia contribuyen a la formación del conocimiento, los hábitos, habilidades y demás atributos de la personalidad. Aun cuando el concepto y los tipos de familia han cambiado a lo largo de la historia, siguen vigentes sus fundamentos de ser una agrupación de personas unidas por vínculos de sangre que actúan concertadamente en función de intereses comunes. La comunidad es la esfera de influencia superior de la sociedad humana, constituida por la agrupación de personas que suscriben un contrato social sobre la base de la comunión de intereses, historia, tradiciones, costumbres, cultura y otros factores comunitarios compartidos. Las dimensiones de las comunidades humanas son muy variadas, yendo desde el barrio en que se habita hasta toda la Humanidad, la que con el desarrollo actual de las comunicaciones se ha convertido en lo que se conoce como aldea global.

La aplicación de las diversas formas del poder a nivel de la comunidad puede adoptar dimensiones colosales, y así la violencia a escala planetaria originó las guerras mundiales, la riqueza detentada por los grandes monopolios rige la vida económica de naciones enteras y de todo el planeta, el saber ha creado sistemas de transmisión y adquisición del conocimiento con alcance global, siendo Internet la mejor muestra. Indudablemente la Humanidad ha superado ya el alcance limitado de un poder propio de una civilización de primer grado para trascender a escalas ilimitadas en una tendencia que seguirá creciendo hasta rebasar a los límites del planeta Tierra e incursionar en el cosmos.

             Afortunadamente, al tiempo que se ensanchan las esferas de influencia de la Humanidad también se produce el tránsito hacia la forma superior de poder, el saber, que se consolida en la conciencia y los recursos tecnológicos de los terrícolas. De tal modo, por ejemplo, la oposición racional y consciente a la violencia como forma de poder tiende a evitar una conflagración mundial de dimensiones nucleares, lo que sería el final de la civilización. Pero esto no ocurre de modo deseado y conveniente, pues a pesar de la colosal globalización de la riqueza aún se mantienen en el planeta las desigualdades sociales que condenan a pueblos enteros a la miseria y el subdesarrollo, lo cual genera amenazas, pues, como se dijo antes la reacción al poder mediante la riqueza es el detonador de la violencia.

             Todo lo expuesto con relación a las formas del poder y las esferas de influencia conduce a comprender la tendencia universal del poder, que es la expansión, como mecanismo inevitable por el desarrollo universal e indetenible. Así se expresa en el siguiente resumen: el desarrollo es un proceso expansivo de todo lo existente, animado o inanimado, natural o social, en virtud de la asimilación de su entorno mediante la aplicación de su poder en alguno de sus formas y a través de cierto conflicto en el marco de una esfera de influencia determinada.

             El conflicto es un mecanismo dialéctico instaurado por la naturaleza para conservar su estabilidad, produciéndose con la confrontación entre fuerzas opuestas de acción y reacción, lo que determina el equilibrado sistema de la mecánica cósmica, el maravilloso engranaje del Universo. En la sociedad humana esta tendencia natural ha sido copiada y explica los procesos de expansión mediante el conflicto de todas las formas del poder en una determinada esfera de influencia. Así, el análisis de causas y efectos sobre la base de la confrontación de fuerzas opuestas puede explicar todos los procesos sociales e incluso permite hacer pronósticos futuristas como los realizados por Alvin Toffler en sus obras.

             Como resumen de estos conceptos novedosos en torno a la sociología puede concluirse que todo cuanto existe, tanto en la naturaleza como en la sociedad, está atrapado, quiéralo o no, en inevitables sistemas de poder, lo cual significa que al tiempo de ejercer poder hacia su esfera de influencia recibe el efecto de un poder superior en cuya esfera de influencia está incluido. Los seres humanos no somos generalmente conscientes de esa realidad, pero la familia, el barrio, la comunidad, el país, la Humanidad entera son ascendentes sistemas de poder en los que estamos insertados como individuos y de cuyo ejercicio no podemos escapar. La pirámide es la figura geométrica que expresa del mejor modo las características de un sistema de poder, donde la base representa a la inmensa mayoría de los integrantes, cuyo volumen va disminuyendo conforme se asciende hasta llegar a la cúspide, donde solo se ubican unos pocos para regir desde allí al sistema de poder. La expansión mediante el conflicto en los sistemas de poder se manifiesta en el afán de sus integrantes por ir ascendiendo desde la base hasta la cima, en la medida en que se van desarrollando y adquiriendo mayores dimensiones de poder. Tal tendencia inevitable en todos los conglomerados humanos explica los orígenes de todas las confrontaciones que tienen lugar a escala social, desde la familia hasta las naciones.

             Como se comprende, son pocos los que llegan a las simas de los sistemas de poder, teniendo la inmensa mayoría que conformarse con ocupar posiciones intermedias o bajas. La psicología social encuentra en esta situación múltiples causas de traumas y desordenes de conductas que explican aberraciones y hechos violentos producidos por individuos frustrados en sus aspiraciones de poder, que descargan su impotencia contra sus semejantes. Sin embargo, la sociología reafirma que el mayor riesgo para la humanidad no proviene de esos desadaptados que pudieran convertirse en asesinos cereales, sino de quienes alcanzan las simas de sus sistemas de poder, convirtiéndose en jefes de estado, cautillos militares, magnates financieros o capos de la mafia, pues sin dudas cuentan con poderes mucho mayores y lo ejercen sobre esferas de influencia más grandes. Son ellos quienes pueden desatar a las crisis financieras y las guerras mundiales.