Los
historiadores dividen el decursar de la civilización en varias etapas,
considerando hechos puntuales para marcar el paso de una etapa a la siguiente.
Así, la invención de la escritura marca el final de la prehistoria y el inicio
de la historia; la caída del imperio romano de occidente es el fin de la edad
antigua y el inicio de la media. La toma de Constantinopla por los turcos marcó
el inicio de la edad moderna. La Revolución francesa es la llave de paso hacia
la edad contemporánea. Pero la historia de toda la Humanidad hasta nuestros
días ha estado presidida por el principio fundamental del desarrollo mediante
la capacidad de asimilación energética, o ejercicio del poder, de modo que la
mejor forma de estructurar ese transitar es a través de fronteras tecnológicas
marcadas por el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. En este
aspecto existen tres grandes etapas: la era agrícola, la era industrial y la
era atómica. Ellas se corresponden con las tres olas mencionadas por Alvin Toffler
en su teoría de los sistemas de poder.
El paso a la
era industrial constituyó un extraordinario salto tecnológico para la especie
humana con el incremento de su capacidad para producir bienes de consumo,
pasándose de la manufactura a la producción en gran escala y una mayor
complejidad. El elemento dinamizador del cambio fue la invención, en Inglaterra,
de la máquina de vapor que hizo posible incrementar sustancialmente la fuerza
motriz animal hasta entonces predominante, con el empleo de mecanismos
construidos por el hombre a tal fin. Con este invento se consolidó la
civilización de primer grado en el planeta Tierra mediante el aprovechamiento
de recursos naturales como los árboles y el carbón para la producción
energética.
La era
atómica marca el final de la civilización de primer grado en la Tierra y los
primeros pasos hacia una civilización de segundo grado. Obtener energía de
elementos naturales radioactivos como el uranio, el radio y el cobalto, fue el
primer paso, pero ya se avanza en el uso de otras fuentes ilimitadas vinculadas
con las emisiones solares. La conversión de las radiaciones de fotones y
electrones provenientes del Sol en energía atómica limpia y permanente es el
primer paso en el tránsito hacia otro nivel de civilización con el incremento
de la capacidad de asimilación del entorno, o poder de la Humanidad sobre la
naturaleza.
A través de
su tránsito por las diferentes etapas históricas el poder en la sociedad humana
ha estado caracterizado por dos aspectos significativos: las formas que adopta
y las esferas de influencia sobre las que actúa. El poder, interpretado como
capacidad de asimilación del entorno para el desarrollo, no se limita a los
conceptos que con igual nombre se aplican en la esfera política, económica o
militar, por lo cual en su expresión universal adopta tres formas específicas
de manifestación: la violencia, la riqueza, el saber. Es posible encontrarlas
en cada una de las etapas históricas en que ha sido dividido el decursar de la
civilización y su estudio permite comprender y explicar con exactitud la
dinámica social desde sus orígenes y hasta nuestros días.
La violencia
es la forma primigenia de manifestación del poder presente con exclusividad en
la naturaleza y en la sociedad prehistórica. Su principal debilidad es que
genera una respuesta proporcional a su aplicación, en lo que se conoce como
acción- reacción, lo que es una ley física que se aplica tanto en la naturaleza
como en la sociedad. La riqueza es una forma de ejercicio del poder exclusiva
de la sociedad humana, que no se encuentra en la naturaleza, siendo la
predominante en estos tiempos. Su principal debilidad es que en la práctica
social la reacción al poder de la riqueza es el detonador de la violencia. El
saber es una forma de poder exclusiva de la sociedad humana a partir de un
momento histórico de su evolución, imponiéndose cada vez más en la civilización
moderna. Su principal fortaleza es que la confrontación de ideas que
caracteriza la lucha por el conocimiento es la base del desarrollo científico-técnico
de la Humanidad, por lo que la oposición al saber genera más saber.
Otro aspecto
para considerar en el estudio de los sistemas de poder es el de las esferas de
influencia donde se ejerce en todas sus formas. Estas son las siguientes: el
individuo, la familia, la comunidad, elementos que configuran a la sociedad
humana. El individuo es el nivel primario inicial de todo el estudio
sociológico y por tanto el punto de partida para la aplicación del poder en
todas sus formas dentro de la sociedad humana. Es en este campo donde los
objetivos y procedimientos de la sociología y la psicología coinciden, pues el
ejercicio del poder en el individuo está inseparablemente ligado con su
actividad psíquica, su capacidad de apreciación de la realidad y toma de
decisiones. La familia es la piedra angular de la sociedad, pues es en ella
donde ocurre la concertación de intereses de los individuos para actuar en
función de la comunidad, comenzándose por la infancia. El estudio y evaluación
del ejercicio del poder en el seno familiar corresponde tanto a la sociología
como a la psicología, así como a la pedagogía, por cuanto los procesos que
ocurren en la familia contribuyen a la formación del conocimiento, los hábitos,
habilidades y demás atributos de la personalidad. Aun cuando el concepto y los
tipos de familia han cambiado a lo largo de la historia, siguen vigentes sus
fundamentos de ser una agrupación de personas unidas por vínculos de sangre que
actúan concertadamente en función de intereses comunes. La comunidad es la
esfera de influencia superior de la sociedad humana, constituida por la
agrupación de personas que suscriben un contrato social sobre la base de la
comunión de intereses, historia, tradiciones, costumbres, cultura y otros
factores comunitarios compartidos. Las dimensiones de las comunidades humanas
son muy variadas, yendo desde el barrio en que se habita hasta toda la
Humanidad, la que con el desarrollo actual de las comunicaciones se ha
convertido en lo que se conoce como aldea global.
La aplicación
de las diversas formas del poder a nivel de la comunidad puede adoptar
dimensiones colosales, y así la violencia a escala planetaria originó las
guerras mundiales, la riqueza detentada por los grandes monopolios rige la vida
económica de naciones enteras y de todo el planeta, el saber ha creado sistemas
de transmisión y adquisición del conocimiento con alcance global, siendo Internet
la mejor muestra. Indudablemente la Humanidad ha superado ya el alcance
limitado de un poder propio de una civilización de primer grado para trascender
a escalas ilimitadas en una tendencia que seguirá creciendo hasta rebasar a los
límites del planeta Tierra e incursionar en el cosmos.