La Sociología
es una ciencia humanística relativamente nueva; surgió cuando pensadores
europeos comprendieron la necesidad de estudiar y explicar la dinámica social,
el comportamiento de los grupos humanos, al percatarse que las acciones de las
comunidades no están regidas por caprichos de sus integrantes, sino que
responden a principios y leyes objetivas bajo la influencia de condiciones
culturales históricamente determinadas. Su estudio, como en toda otra
disciplina científica, tiene el propósito principal de poder determinar y
predecir el curso de las acciones humanas, conociendo las causas que las
preceden a fin de convertir a los seres humanos en gestores y rectores de su
propia historia. El siglo XVIII brindó el contexto para el surgimiento de la
nueva ciencia en Europa occidental, principalmente en Inglaterra, Italia y
Francia.
Las ideas
sociales renovadoras que condujeron a la Revolución francesa en 1789 y marcaron
al denominado Siglo de las Luces, crearon las condiciones para que destacados
pensadores, principalmente filósofos e historiadores, comenzaran a concebir una
disciplina que se ocupase de estudiar y explicar los procesos que rigen el
decursar de la sociedad humana. Hobbes, Locke, Vico, Hegel, Comte y Spencer son
considerados los padres de la nueva ciencia, que muy rápidamente comenzó a
incursionar por las universidades europeas de la época. En el siglo XIX, con el
desarrollo del capitalismo monopolista, surgen corrientes de pensamiento
dirigidas a explicar los procesos económicos y políticos que estaban presidiendo
la vida en las grandes potencias de Europa y en los Estados Unidos de América.
La más importante de ellas es el marxismo,
debida al filósofo alemán Carlos Marx. Sus teorías no sólo se dirigían a la
comprensión de los procesos sociales de la época, sino a justificar la
necesidad de transformar la realidad mediante la acción revolucionaria de los
seres humanos, dando inicio a corrientes ideológicas que marcarían el decursar
de la sociedad en lo delante. La nueva ciencia pasó de los círculos de
estudiosos e investigadores a las agrupaciones de gestores de cambios sociales,
convirtiéndose en un recurso del pensamiento revolucionario del siglo XIX.
Filósofos,
economistas, historiadores, se dedicaron a estudiar las leyes que rigen el
decursar de la Humanidad, con fines marcadamente ideológicos. Uno de los más
destacados es el alemán Max Weber, seguidor de las teorías de Carlos Marx. En Inglaterra,
el tradicionalismo conservadurismo burgués promovió el estudio académico de la
disciplina con un marcado fin político: la transformación evolutiva y no
revolucionaria de la sociedad humana, en oposición al marxismo, enfatizando en
el criterio de que el capitalismo conduce a la sociedad hacia un denominado
estado de bienestar.
Luego de la Primera
Guerra Mundial, los Estados Unidos y América se convirtieron en potencia, no
solo económica, sino además en el campo de las ideas y la innovación
tecnológica, gracias a ser receptores de una masiva emigración proveniente de
Europa bajo la amenaza de una nueva y más destructiva conflagración mundial. La
ciudad de Chicago se erigió en emporio industrial donde la confrontación entre
clase obrera y capitalistas adquirió dimensiones extraordinarias, a punto de
ser escenario de los sucesos trágicos que dieron origen a la conmemoración del
primero de mayo como Día Internacional de los trabajadores, de modo que no fue
casualidad que su universidad se convirtiese en centro rector de los estudios y
la promoción de la sociología con una visión más pragmática y renovada,
combinando el tradicionalismo inglés con la dinámica social alemana.
La visión
pragmática de la nueva sociología desarrollada al calor de la lucha de clases y
los conflictos en las grandes urbes industriales norteamericanas condujo al
tratamiento de la realidad social de una manera más concreta, abandonando la
visión abstracta de dichos estudios en el siglo XIX. Así se fue conformando una
teoría sociológica compuesta por el abordaje de diversos aspectos de la
realidad que conformaron sub-áreas y especialidades de investigación, para lo
cual se formularon métodos dirigidos a captar, analizar e interpretar la
dinámica social. En otras disciplinas humanísticas afines, la sociología en su
proceso de gestación recibió un fuerte impulso desde la psicología social,
disciplina más antigua, orientada a explicar cómo las acciones individuales
determinan el comportamiento colectivo en la sociedad humana. Las
investigaciones y aportes teóricas del austríaco Sigmund Freud en el campo del psicoanálisis
fueron incorporadas al ámbito sociológico, sobre todo con relación a fenómenos
sociales traumáticos originados por deformaciones en las conductas
individuales, lo cual alimenta a especialidades sociológicas dirigidas al
estudio de la delincuencia, la violencia, la inadaptación y los conflictos de
diversa índole.
Los métodos
de investigación sociológica coinciden con los de otras disciplinas
humanísticas, basándose sobre todo en la intervención participativa de los
investigadores en grupos sociales, compartiendo experiencias reales o creadas
artificialmente, a fin de evaluar las manifestaciones del comportamiento tanto
individual como colectivo. En la actualidad el uso de focus group, o grupos
focales, en investigaciones sociológicas se refuerza con recursos tecnológicos
para la recogida de información, como las grabadoras de voces y cámaras de
grabación de videos y toma de fotos. Como su objetivo principal es comprender
los procesos que rigen el comportamiento de los grupos humanos, la sociología
está en la necesidad de realizar investigaciones a gran escala, procurando las
mayores muestras posibles. Por eso la indagación cuantitativa emplea métodos de
recogida de información que involucren a grandes grupos de personas como
población objetiva o de muestreo, para lo cual la herramienta más usual son las
encuestas de opinión construidas por especialistas para recoger respuestas de
las personas a un cuestionario basado en el tema que se investiga. Aun cuando
en la actualidad se implementan mediante los modernos recursos de la
tecnología, las encuestas siguen manteniendo los principios de sus orígenes
como método de investigación sociológica. Esto es confiar en la honestidad y
transparencia de las personas al dar sus respuestas, así como aplicar sistemas
de evaluación que permitan filtrar las tendencias más significativas.
La
tabulación, análisis y evaluación de resultados en las encuestas de opinión
cuenta hoy con los recursos de la computación y existen numerosos programas cibernéticos
que facilitan esta labor, sobre todo la posibilidad de hacer de forma
automática verificaciones cruzadas entre miles de respuestas, a fin de filtrar
las más significativas. En la actualidad, con el desarrollo de la teoría
sociológica y de los métodos de investigación, la sociología se erige en
ciencia indispensable y efectiva en todos los campos del quehacer humano, pues
aporta información y conclusiones válidas para toda acción dirigida a la
sociedad, siendo de significativa importancia en las esferas de la política, la
publicidad y los recursos humanos. Sin sus aportes, la actividad pedagógica
perdería gran parte de su practicidad al quedar huérfana de conceptos con los
que vincular a la adquisición individual de conocimientos con su utilización
práctica en la vida social de la humanidad.
Desde los
intereses de la Ludología hay que destacar la importancia que en el campo
sociológico tuvo la aportación realizada a fines del pasado siglo XX, por el
periodista y escritor norteamericano Alvin Toffler, autor de varios libros
sobre el decursar de la Humanidad, pero muy particularmente de una trilogía
donde aborda el tema del poder, exponiendo conceptos y valoraciones que hasta
ese momento habían escapado a la argumentación académica reconocida. Aunque el
concepto es desarrollado más adelante, te anticipo que para la Ludología el
juego surge cuando los jugadores, niños, adolescentes, jóvenes, adultos, crean
un sistema de poder donde sumergirse para representar simbólicamente y sin
riesgos traumáticos a una realidad que intentan comprender del mejor modo por
alejamiento.
Existe una
ley universal que ejerce su acción en todo lo existente en el Universo desde
sus mismos orígenes, sea este como haya sido, lo cual la ciencia no puede
todavía confirmar con precisión; es la ley del desarrollo, según la cual todo
transita desde formas inferiores a otras superiores, desde manifestaciones más
simples a otras más complejas, en un proceso indetenible y sin retroceso, pues
aunque aparentemente haya marcha atrás en algún momento, eso no es real, ya que
la acumulación de cambios cuantitativos ocurre en una sola dirección y sus saltos
generan dialécticamente cambios cualitativos donde los efectos siempre son
diferentes a las causas. Para que el proceso de desarrollo tenga lugar tiene
que ir acompañado de una condición obligatoria, la del principio de
asimilación, según el cual unas formas de existencia son asimiladas por otras
que de tal modo se desarrollan convirtiéndose en superiores.
En la
naturaleza inanimada tal proceso se rige por leyes físico-químicas basadas en
el principio de conservación y transformación de la materia ya expuesto por el
filósofo griego Demócrito en la antigüedad, mientras que en el campo de lo
animado se rige por leyes biológicas basadas en el principio de selección
natural de las especies, expuesto por el inglés Charles Darwin en tiempos
modernos. Así como ocurre en la naturaleza, también en la sociedad humana el
proceso de asimilación tiene lugar como condición para el desarrollo, pero en
este caso las leyes que los rigen son sociales, principalmente derivadas de la
necesidad de supervivencia de cada ser individual y de la preservación y
evolución de la especie en general. Estos principios son válidos para la vida
inteligente en cualquier lugar del Universo donde exista y no son
exclusivamente patrimonio del planeta Tierra, y esa similitud es lo que hace
posible el contacto e intercambio cultural entre civilizaciones interplanetarias
e intergalácticas que algún día tendrán lugar.
Para que el principio de asimilación se cumpla
en una determinada circunstancia es necesario que exista un cierto grado de
capacidad de asimilación por parte del agente dominante en el proceso, el que
se desarrollará asimilando a otros elementos de su entorno. Esa capacidad de
asimilación se define como poder, y así en el campo físico un cuerpo mayor
puede atraer a otro menor según la ley de gravitación universal, y en el campo
biológico un organismo vivo puede convertir en el alimento a otro según la ley
de las cadenas alimentarias en los ecosistemas.
La principal
necesidad de la sociedad humana está vinculada con la apropiación de energía,
lo que ocurre de muy diversas formas. El poder en la sociedad humana define la
capacidad de asimilación que tiene para la producción energética con la que se
puedan resolver las necesidades vitales de cada ser humano en particular y de
toda la sociedad en general. De tal modo es posible clasificar las potenciales
civilizaciones en el Universo en tres grupos dependientes de su grado de poder
o capacidad de asimilación para la apropiación y producción de energía. Las
civilizaciones de primer grado son las capaces de asilar todo el potencial
energético del planeta en que viven; es el caso de la Tierra hasta la
actualidad, donde los seres humanos emplean recursos no renovables y renovables
de energía, como la madera, el carbón, el petróleo, el gas, la fuerza
hidráulica y la eólica, los elementos radioactivos, entre otros. Las
civilizaciones de segundo grado son las capaces de asimilar todo el potencial
energético de la estrella que rige su sistema planetario, obteniendo de la
emisión estelar la energía requerida para su subsistencia y desarrollo, tal
como hacen hoy los artefactos cósmicos que despliegan sus baterías para captar
los rayos del Sol. Las civilizaciones de tercer grado son las capaces de
asimilar el potencial energético de toda su galaxia, sobre todo las enormes
fuentes que existen en los núcleos galácticos con el potencial de los agujeros
negros