LUDOLOGÍA 2b (Pedro Fulleda Bandera)

         La labor pedagógica ha perfeccionado su metodología a lo largo del tiempo. Se sabe que impartir enseñanza consiste en crear situaciones de aprendizaje para que los esquemas mentales evolucionen en un sentido determinado. Proceso en el cual tiene mucha importancia a la memoria comprensiva, porque es la base sobre la que se incorporan los nuevos conceptos. Se recuerda mejor lo que se comprende bien, lo que refuerza la necesidad de que con la acción didáctica durante la clase, los alumnos comprendan cabalmente lo que el maestro intenta explicarles. Para eso, dicha acción didáctica tiene que ser debidamente preparada, ejecutada y controlada. La didáctica es la base de la enseñanza y como ya se vio, esta es la vía para la instrucción y para materializar la educación como proceso social.

         Pueden existir muy buenos pedagogos, autores de varias teorías, pero que tal vez no sean tan efectivos frente a alumnos en las aulas, precisamente porque no están debidamente dotados de cualidades didácticas. En nuestra esfera de profesionalidad en torno a la lúdica es la comparación entre ludotecarios y ludólogos. A estos corresponden las formulaciones metodológicas, investigaciones y teorías, mientras que a los primeros les toca llevarlas a la práctica en su accionar en las ludotecas, alimentándose con el entusiasmo de quienes juegan.

         De modo que cuando hablamos de los docentes eficientes nos estamos refiriendo a expertos didácticos, cuya labor se fundamenta sobre todo en varios principios esenciales. Es muy difícil encontrar a alguien que conjugue ambas cualidades, ser un gran teórico investigador y a la vez ser un magnífico ejecutante práctico. Corresponde a cada cual decidir qué campo de acción le viene mejor, pues ambos son fundamentales para el proceso educativo.

         Alcanzar de los máximos resultados en la labor didáctica tendrá que ver con la preparación profesional del educador y muy particularmente con sus capacidades personales para desenvolverse adecuadamente en un entorno dinámico y multifacético, como es la clase, tendrá que poseer capacidad para promover la empatía entre él y sus alumnos, tener habilidades para estimular el aprendizaje activo y el planteamiento problémico, así como para el correcto tratamiento de conflictos que comúnmente se dan en el colectivo escolar. Es una labor compleja, que solo quien esté verdaderamente enamorado de su profesión como educador podrá realizar satisfactoriamente. Como digo, en una de mis décimas sobre el tema, mi vocación encontré como buen educador, que transmite lo mejor, asegurando el futuro, y aunque el trabajo sea duro, la recompensa es mayor.

         Las experiencias y las investigaciones demuestran que la aplicación de estrategias didácticas en el entorno educativo es más efectiva cuando se realiza con el empleo de metodologías lúdicas. La implementación de metodologías lúdicas en el proceso educativo, formando parte de estrategias didácticas, es un propósito que han perseguido educadores de todos los tiempos con el fin de hacer más aceptable tanto la enseñanza como el aprendizaje. Destacan las aportaciones históricas de pedagogos como la italiana María Montesori y el belga Oville Decroly, con la creación de juegos que denominaron didácticos.

Ya vimos cómo los juegos didácticos, pretendiendo ser básicamente recursos para el aprendizaje en el aula, pierden sus cualidades lúdicas y en consecuencia dejan de ser juegos para convertirse en herramientas del trabajo escolar, como es un texto o una lámina.

         Las acciones lúdicas permiten una aproximación a los procesos reales mediante su modelación o recreación simbólica, de forma que las consecuencias de los posibles errores no serán traumáticas, como sí ocurre en la realidad, y de tal forma las acciones lúdicas son adecuadas vías para la experimentación y la comprensión de procesos reales sin correr riesgos, lo cual es un valioso aporte a la educación dirigida a niños y niñas. Cuando ellos y ellas juegan a hacer como si fuesen papá y mamá estarán representando simbólicamente al mundo adulto que intentan comprender por distanciamiento, pero de un modo inocuo, cuando no corren riesgo alguno, en una modelación que contribuirá a su desarrollo personal y la adquisición de experiencias vivenciales positivas. Sustituir la pedagogía tradicional conductista con el maestro como único poseedor del conocimiento que entrega a los alumnos mediante prácticas repetitivas y desestimulantes, por una pedagogía constructivista basada en experiencias vivenciales significativas de tipo lúdicas y construidas mediante la representación simbólica de la realidad, es una necesidad para una educación de la mayor calidad.

Hay límites que la actividad lúdica en el proceso educativo no puede superar; el juego es sobre todo ejercicio de la libertad, y nos caben dudas que la adquisición de conocimientos mediante la instrucción tiene que estar regida por normas de obligatorio cumplimiento, definidas por los objetivos didácticos planteados para el proceso. Se podrá flexibilizar la dinámica escolar, pero siempre será obligatorio a asistir a clases, vencer contenidos y programas, realizar evaluaciones para medir el aprovechamiento y todo eso marca una diferencia significativa e insuperable entre el lúdico y lo didáctico, de modo que a pesar de los empeños con proyectos de pedagogía experiencia no es probable que la actividad lúdica pueda erigirse en principal método de enseñanza. ¿Cuál es, entonces, el papel del juego en la educación? Si lugar a dudas es la motivación. Todo buen juego tiene que poseer un reto para los jugadores, un planteamiento problémico a resolver. En los juegos con marcado contenido educativo dicho reto estará vinculado con un tema específico, de modo que el mayor dominio del mismo incrementará las posibilidades para resolver el reto planteado. Así, los jugadores motivados por el afán de resolver el reto y disfrutar en gran medida del juego irán a la búsqueda del contenido que les permitirá desenvolverse mejor en la búsqueda. La dinámica del aprendizaje bajo la motivación del juego está dirigida por el planteamiento problémico o heurística.

         Las neurociencias han demostrado que uno de los procesos más completos y valiosos en la actividad cerebral humana es el dirigido al planteamiento y solución de problemas. Son dos etapas de un mismo proceso, donde el planteamiento de problemas es mucho más trascendental que la solución de los mismos. A lo largo de la historia humana el avance científico técnico ha estado impulsado por el ejercicio del planteamiento problémico. Albert Einstein formuló su teoría de la relatividad mucho antes de que la física contase con los recursos tecnológicos y los conocimientos necesarios para demostrarla. El problema, como en otros muchos casos, fue planteado por no resuelto. Es evidente que para solucionar cualquier problema es indispensable el primero descubrirlo, plantearlo, estar conscientes de su existencia.

         La heurística abre las puertas a la práctica pedagógica de aprender a aprender como capacidad que se desarrolla en las personas creativas para andar por la vida aprendiendo continuamente, cuestionándolo todo, planteándose problemas cuya solución todavía no tendrán a mano, pero por la cual trabajarán. Aprender a aprender exige la elaboración de estrategias de pensamiento como actividad intelectual, método en cuyo desarrollo juegan un papel esencial las actividades lúdicas.

         Todas las personas nacen dotadas naturalmente con mecanismos heurísticos alambrados en el cerebro, que les permiten abrirse paso hacia el conocimiento. Así es como aprenden los niños, preguntándolo todo y procesándolo luego las respuestas que reciben a fin de configurar con ellos los mapas mentales que les propicien una mejor comprensión de la realidad. En la medida en que una persona incrementa sus conocimientos también aumenta sus capacidades creativas, pues no es posible crear desde la nada, a menos que sea un acto divino, exclusivo de Dios.

         Siempre la creación de cualquier cosa partirá de los conceptos que ya se poseen en los mapas mentales y que se combinarán de forma diferente a lo habitual para alcanzar resultados novedosos, lo que se produce mediante la aplicación de determinadas estrategias de pensamiento creativo. Tales estrategias de pensamiento están regidas por la actividad consciente del cerebro humano, sobre todo por su racionalidad, pero como una gran dosis de imaginación, con lo cual se combinan las propiedades de ambos hemisferios cerebrales, de la lógica y de la intuición. En niños y niñas las acciones lúdicas que realizan con el “hacer como si”, o representación simbólica de la realidad, potencia del ejercicio de la imaginación, son extraordinariamente imaginativos, fantasiosos, capaces de descubrir duendes en cualquier rincón, pero eso no significa que sean ya altamente creativos, pues les estará faltando el suficiente conocimiento para eso.

         En la medida en que adquieran información a través del proceso educativo irán alimentando esa imaginación con conocimientos útiles y significativos y en consecuencia crecerá su potencialidad creativa, de modo que en el enriquecimiento de la capacidad intelectual de las nuevas generaciones hay dos exigencias igualmente importantes, la de incrementar sus conocimientos, lo que corresponde al sistema educacional formal, y la de enriquecer su imaginación, lo que corresponde al gran arsenal de actividades lúdicas que, como el juego, tienen que producirse con absoluta libertad y básicamente a través de las denominadas vías no formales de la educación. Los resultados de esa combinación de acciones será el desarrollo del pensamiento creativo, capaz de aplicar estrategias de pensamiento para el planteamiento problémico que propicia el aprender a aprender en todo momento y lugar.

La creatividad es un proceso que ocurre durante varias etapas, desde el planteamiento del problema que se pretende resolver, hasta la aplicación consciente de una solución al mismo, que comúnmente llega de forma silenciosa e imperceptible. Todos hemos seguido el consejo de consultar con la almohada alguna incertidumbre cuya solución no alcanzamos a ver de inmediato. El esfuerzo por resolver el problema durante una etapa de trabajo consciente del cerebro generalmente no tiene resultados, y es precisamente cuando nuestras neuronas aparentemente descansan, aunque en realidad están estableciendo conexiones libremente condicionadas, semejantes a las circunstancias en que se juega, cuando surge el destello de una solución al problema que nos quitó el sueño.

         El juego, la actividad lúdica en general, conduce el planteamiento problémico o heurística, presente en la esencia misma de la actividad y a la vez conduce a la motivación, fuerza que arrastra a los participantes a la acción. El planteamiento problémico genera estrategias de pensamiento como resultado de la actividad consciente del cerebro humano. La motivación, por su parte genera, placer en una relación bilateral, pues el placer es a la vez fuente de motivación, y también alimenta las estrategias de pensamiento como recurso placentero. De las estrategias de pensamiento se derivan nuevos conocimientos como resultado del aprender a aprender, que enriquecen la creatividad y en consecuencia el desarrollo personal del individuo, lo cual es fuente de placer y retroalimenta todo el proceso, que puede resumirse como el del juego motivacional y problémico, generador de placer y de desarrollo cognitivo y afectivo para contribuir al desarrollo humano, lo cual es el valor esencial de la lúdica. Semejante proceso se da en todos los buenos juegos, aquellos que propician placer desde la motivación y planteamiento problémico para generar estrategias de pensamiento, nuevos conocimientos y desarrollo personal. Pueden calificarse como juegos educativos, no porque sirvan de apoyo en la enseñanza-aprendizaje, los que en general se califican más bien como juegos didácticos y por eso dejan de ser juegos para convertirse en trabajo escolar.

         Los juegos educativos son los que mediante el placer motivan los conocimientos y el desarrollo humano en correspondencia con los propósitos de la actividad lúdica. Pueden ser de todos los tipos posibles, pues lo educativo es una cualidad y no un criterio de clasificación; así, pueden ser educativos, juegos predeportivos, de animación, de construcción, de estrategia, de simulación, vivenciales, de imitación a la vida, y todas las demás manifestaciones de la actividad lúdica. Es el tipo de juego que debe estar imprescindiblemente en las ludotecas y ojalá algún día en todas las escuelas y casas de familia.

Concluimos este abordaje a la lúdica desde la pedagogía con una exposición de los componentes esenciales del juego. Para analizar un juego y descubrir sus valores educativos es necesario interpretar debidamente su forma, su contenido y su efecto. La forma de un juego se deriva del simbolismo lúdico, aquel aspecto de la realidad que el juego representa simbólicamente, de lo cual se deriva su valor motivacional, el interés que pueda despertar en los posibles jugadores; así, podrá ser un juego de simulación sobre viajes espaciales, o de estrategias sobre la captura de una bandera. El contenido de juego se refiere a la heurística, el problema que el juego plantea y cuya solución pondrá a prueba la competencia de cada jugador, en qué medida es competente para buscar la solución adecuada, en lo que puede radicar su valor educativo, si el problema se vincula con determinada aplicación de conocimientos; podrá ser cómo combinar mejor los tiros de dados o resolver un acertijo. El efecto del juego se refiere a la obtención del placer, que se alcanza cuando se resuelve el reto planteado, tanto si se actúa en solitario o con otros jugadores, lo que aporta al desarrollo personal, enriqueciendo la autoestima y afirmando nuevos conocimientos obtenidos mediante la actividad lúdica. Un juego al que le falte alguno de estos componentes no será un buen juego y la Ludología no lo recomienda.