La labor
pedagógica ha perfeccionado su metodología a lo largo del tiempo. Se sabe que
impartir enseñanza consiste en crear situaciones de aprendizaje para que los
esquemas mentales evolucionen en un sentido determinado. Proceso en el cual
tiene mucha importancia a la memoria comprensiva, porque es la base sobre la
que se incorporan los nuevos conceptos. Se recuerda mejor lo que se comprende
bien, lo que refuerza la necesidad de que con la acción didáctica durante la
clase, los alumnos comprendan cabalmente lo que el maestro intenta explicarles.
Para eso, dicha acción didáctica tiene que ser debidamente preparada, ejecutada
y controlada. La didáctica es la base de la enseñanza y como ya se vio, esta es
la vía para la instrucción y para materializar la educación como proceso
social.
Pueden
existir muy buenos pedagogos, autores de varias teorías, pero que tal vez no
sean tan efectivos frente a alumnos en las aulas, precisamente porque no están
debidamente dotados de cualidades didácticas. En nuestra esfera de
profesionalidad en torno a la lúdica es la comparación entre ludotecarios y
ludólogos. A estos corresponden las formulaciones metodológicas,
investigaciones y teorías, mientras que a los primeros les toca llevarlas a la
práctica en su accionar en las ludotecas, alimentándose con el entusiasmo de
quienes juegan.
De modo que
cuando hablamos de los docentes eficientes nos estamos refiriendo a expertos didácticos,
cuya labor se fundamenta sobre todo en varios principios esenciales. Es muy
difícil encontrar a alguien que conjugue ambas cualidades, ser un gran teórico
investigador y a la vez ser un magnífico ejecutante práctico. Corresponde a
cada cual decidir qué campo de acción le viene mejor, pues ambos son
fundamentales para el proceso educativo.
Alcanzar de
los máximos resultados en la labor didáctica tendrá que ver con la preparación
profesional del educador y muy particularmente con sus capacidades personales
para desenvolverse adecuadamente en un entorno dinámico y multifacético, como
es la clase, tendrá que poseer capacidad para promover la empatía entre él y
sus alumnos, tener habilidades para estimular el aprendizaje activo y el
planteamiento problémico, así como para el correcto tratamiento de conflictos que
comúnmente se dan en el colectivo escolar. Es una labor compleja, que solo
quien esté verdaderamente enamorado de su profesión como educador podrá
realizar satisfactoriamente. Como digo, en una de mis décimas sobre el tema, mi
vocación encontré como buen educador, que transmite lo mejor, asegurando el
futuro, y aunque el trabajo sea duro, la recompensa es mayor.
Las
experiencias y las investigaciones demuestran que la aplicación de estrategias
didácticas en el entorno educativo es más efectiva cuando se realiza con el
empleo de metodologías lúdicas. La implementación de metodologías lúdicas en el
proceso educativo, formando parte de estrategias didácticas, es un propósito
que han perseguido educadores de todos los tiempos con el fin de hacer más aceptable
tanto la enseñanza como el aprendizaje. Destacan las aportaciones históricas de
pedagogos como la italiana María Montesori y el belga Oville Decroly, con la
creación de juegos que denominaron didácticos.
Ya vimos cómo
los juegos didácticos, pretendiendo ser básicamente recursos para el
aprendizaje en el aula, pierden sus cualidades lúdicas y en consecuencia dejan
de ser juegos para convertirse en herramientas del trabajo escolar, como es un
texto o una lámina.
Las acciones
lúdicas permiten una aproximación a los procesos reales mediante su modelación
o recreación simbólica, de forma que las consecuencias de los posibles errores
no serán traumáticas, como sí ocurre en la realidad, y de tal forma las
acciones lúdicas son adecuadas vías para la experimentación y la comprensión de
procesos reales sin correr riesgos, lo cual es un valioso aporte a la educación
dirigida a niños y niñas. Cuando ellos y ellas juegan a hacer como si fuesen
papá y mamá estarán representando simbólicamente al mundo adulto que intentan
comprender por distanciamiento, pero de un modo inocuo, cuando no corren riesgo
alguno, en una modelación que contribuirá a su desarrollo personal y la
adquisición de experiencias vivenciales positivas. Sustituir la pedagogía
tradicional conductista con el maestro como único poseedor del conocimiento que
entrega a los alumnos mediante prácticas repetitivas y desestimulantes, por una
pedagogía constructivista basada en experiencias vivenciales significativas de
tipo lúdicas y construidas mediante la representación simbólica de la realidad,
es una necesidad para una educación de la mayor calidad.
Hay límites
que la actividad lúdica en el proceso educativo no puede superar; el juego es
sobre todo ejercicio de la libertad, y nos caben dudas que la adquisición de
conocimientos mediante la instrucción tiene que estar regida por normas de
obligatorio cumplimiento, definidas por los objetivos didácticos planteados
para el proceso. Se podrá flexibilizar la dinámica escolar, pero siempre será
obligatorio a asistir a clases, vencer contenidos y programas, realizar
evaluaciones para medir el aprovechamiento y todo eso marca una diferencia
significativa e insuperable entre el lúdico y lo didáctico, de modo que a pesar
de los empeños con proyectos de pedagogía experiencia no es probable que la
actividad lúdica pueda erigirse en principal método de enseñanza. ¿Cuál es,
entonces, el papel del juego en la educación? Si lugar a dudas es la
motivación. Todo buen juego tiene que poseer un reto para los jugadores, un
planteamiento problémico a resolver. En los juegos con marcado contenido
educativo dicho reto estará vinculado con un tema específico, de modo que el
mayor dominio del mismo incrementará las posibilidades para resolver el reto
planteado. Así, los jugadores motivados por el afán de resolver el reto y
disfrutar en gran medida del juego irán a la búsqueda del contenido que les
permitirá desenvolverse mejor en la búsqueda. La dinámica del aprendizaje bajo
la motivación del juego está dirigida por el planteamiento problémico o heurística.
Las
neurociencias han demostrado que uno de los procesos más completos y valiosos
en la actividad cerebral humana es el dirigido al planteamiento y solución de
problemas. Son dos etapas de un mismo proceso, donde el planteamiento de
problemas es mucho más trascendental que la solución de los mismos. A lo largo
de la historia humana el avance científico técnico ha estado impulsado por el
ejercicio del planteamiento problémico. Albert Einstein formuló su teoría de la
relatividad mucho antes de que la física contase con los recursos tecnológicos
y los conocimientos necesarios para demostrarla. El problema, como en otros
muchos casos, fue planteado por no resuelto. Es evidente que para solucionar
cualquier problema es indispensable el primero descubrirlo, plantearlo, estar
conscientes de su existencia.
La heurística
abre las puertas a la práctica pedagógica de aprender a aprender como capacidad
que se desarrolla en las personas creativas para andar por la vida aprendiendo
continuamente, cuestionándolo todo, planteándose problemas cuya solución
todavía no tendrán a mano, pero por la cual trabajarán. Aprender a aprender
exige la elaboración de estrategias de pensamiento como actividad intelectual,
método en cuyo desarrollo juegan un papel esencial las actividades lúdicas.
Todas las
personas nacen dotadas naturalmente con mecanismos heurísticos alambrados en el
cerebro, que les permiten abrirse paso hacia el conocimiento. Así es como aprenden
los niños, preguntándolo todo y procesándolo luego las respuestas que reciben a
fin de configurar con ellos los mapas mentales que les propicien una mejor
comprensión de la realidad. En la medida en que una persona incrementa sus
conocimientos también aumenta sus capacidades creativas, pues no es posible
crear desde la nada, a menos que sea un acto divino, exclusivo de Dios.
Siempre la
creación de cualquier cosa partirá de los conceptos que ya se poseen en los
mapas mentales y que se combinarán de forma diferente a lo habitual para
alcanzar resultados novedosos, lo que se produce mediante la aplicación de
determinadas estrategias de pensamiento creativo. Tales estrategias de
pensamiento están regidas por la actividad consciente del cerebro humano, sobre
todo por su racionalidad, pero como una gran dosis de imaginación, con lo cual
se combinan las propiedades de ambos hemisferios cerebrales, de la lógica y de
la intuición. En niños y niñas las acciones lúdicas que realizan con el “hacer
como si”, o representación simbólica de la realidad, potencia del ejercicio de
la imaginación, son extraordinariamente imaginativos, fantasiosos, capaces de
descubrir duendes en cualquier rincón, pero eso no significa que sean ya
altamente creativos, pues les estará faltando el suficiente conocimiento para
eso.
En la medida
en que adquieran información a través del proceso educativo irán alimentando
esa imaginación con conocimientos útiles y significativos y en consecuencia
crecerá su potencialidad creativa, de modo que en el enriquecimiento de la
capacidad intelectual de las nuevas generaciones hay dos exigencias igualmente
importantes, la de incrementar sus conocimientos, lo que corresponde al sistema
educacional formal, y la de enriquecer su imaginación, lo que corresponde al
gran arsenal de actividades lúdicas que, como el juego, tienen que producirse
con absoluta libertad y básicamente a través de las denominadas vías no
formales de la educación. Los resultados de esa combinación de acciones será el
desarrollo del pensamiento creativo, capaz de aplicar estrategias de pensamiento
para el planteamiento problémico que propicia el aprender a aprender en todo
momento y lugar.
La
creatividad es un proceso que ocurre durante varias etapas, desde el
planteamiento del problema que se pretende resolver, hasta la aplicación
consciente de una solución al mismo, que comúnmente llega de forma silenciosa e
imperceptible. Todos hemos seguido el consejo de consultar con la almohada
alguna incertidumbre cuya solución no alcanzamos a ver de inmediato. El
esfuerzo por resolver el problema durante una etapa de trabajo consciente del
cerebro generalmente no tiene resultados, y es precisamente cuando nuestras
neuronas aparentemente descansan, aunque en realidad están estableciendo
conexiones libremente condicionadas, semejantes a las circunstancias en que se
juega, cuando surge el destello de una solución al problema que nos quitó el
sueño.
El juego, la
actividad lúdica en general, conduce el planteamiento problémico o heurística,
presente en la esencia misma de la actividad y a la vez conduce a la
motivación, fuerza que arrastra a los participantes a la acción. El
planteamiento problémico genera estrategias de pensamiento como resultado de la
actividad consciente del cerebro humano. La motivación, por su parte genera,
placer en una relación bilateral, pues el placer es a la vez fuente de
motivación, y también alimenta las estrategias de pensamiento como recurso
placentero. De las estrategias de pensamiento se derivan nuevos conocimientos
como resultado del aprender a aprender, que enriquecen la creatividad y en
consecuencia el desarrollo personal del individuo, lo cual es fuente de placer
y retroalimenta todo el proceso, que puede resumirse como el del juego
motivacional y problémico, generador de placer y de desarrollo cognitivo y
afectivo para contribuir al desarrollo humano, lo cual es el valor esencial de
la lúdica. Semejante proceso se da en todos los buenos juegos, aquellos que
propician placer desde la motivación y planteamiento problémico para generar
estrategias de pensamiento, nuevos conocimientos y desarrollo personal. Pueden
calificarse como juegos educativos, no porque sirvan de apoyo en la enseñanza-aprendizaje,
los que en general se califican más bien como juegos didácticos y por eso dejan
de ser juegos para convertirse en trabajo escolar.
Los juegos
educativos son los que mediante el placer motivan los conocimientos y el
desarrollo humano en correspondencia con los propósitos de la actividad lúdica.
Pueden ser de todos los tipos posibles, pues lo educativo es una cualidad y no
un criterio de clasificación; así, pueden ser educativos, juegos predeportivos,
de animación, de construcción, de estrategia, de simulación, vivenciales, de imitación
a la vida, y todas las demás manifestaciones de la actividad lúdica. Es el tipo
de juego que debe estar imprescindiblemente en las ludotecas y ojalá algún día
en todas las escuelas y casas de familia.
Concluimos
este abordaje a la lúdica desde la pedagogía con una exposición de los
componentes esenciales del juego. Para analizar un juego y descubrir sus
valores educativos es necesario interpretar debidamente su forma, su contenido
y su efecto. La forma de un juego se deriva del simbolismo lúdico, aquel
aspecto de la realidad que el juego representa simbólicamente, de lo cual se
deriva su valor motivacional, el interés que pueda despertar en los posibles
jugadores; así, podrá ser un juego de simulación sobre viajes espaciales, o de
estrategias sobre la captura de una bandera. El contenido de juego se refiere a
la heurística, el problema que el juego plantea y cuya solución pondrá a prueba
la competencia de cada jugador, en qué medida es competente para buscar la
solución adecuada, en lo que puede radicar su valor educativo, si el problema
se vincula con determinada aplicación de conocimientos; podrá ser cómo combinar
mejor los tiros de dados o resolver un acertijo. El efecto del juego se refiere
a la obtención del placer, que se alcanza cuando se resuelve el reto planteado,
tanto si se actúa en solitario o con otros jugadores, lo que aporta al
desarrollo personal, enriqueciendo la autoestima y afirmando nuevos
conocimientos obtenidos mediante la actividad lúdica. Un juego al que le falte
alguno de estos componentes no será un buen juego y la Ludología no lo
recomienda.