Como ya se
dijo, la Ludología utiliza en su fundamentación metodológica herramientas que
son propias de disciplinas afines, como la pedagogía, la sociología, la
psicología, la etnología, pero diferenciándose de ellas en cuanto a los fines
de su aplicación para el estudio del juego, al que aborda desde una visión
esencial y no instrumental, como es propio en dichas disciplinas. La principal
característica del estudio del juego por la pedagogía es la identificación de
la actividad lúdica exclusivamente como juego, al que estudia en función de los
procesos de enseñanza-aprendizaje y el desarrollo de habilidades y destrezas.
Desde el
surgimiento de los primitivos grupos humanos en la prehistoria se puso en
marcar un proceso autónomamente condicionado, de transmisión de información de
unos individuos a otros; la comunicación resultó de ese modo el engranaje
principal de la sociedad humana; cada individuo compartía con los demás
miembros de su clan las experiencias vividas en sus incursiones de casa o
exploración, y de tal forma se fue conformando un saber colectivo que iba
acumulándose sobre todo en los más ancianos, quienes habían vivido más tiempo y
en consecuencia tenían más información acumulada. Semejante práctica evolutiva,
que también ocurre entre las demás especies animales, pero con mecanismos biológicamente
determinados mediante la transmisión de cambios genéticos, en la especie humana
condicionó el desarrollo de la cultura y es hasta nuestros días la clave de la
civilización.
El proceso de
transmisión de conocimientos de una generación a otra fue perfeccionándose como
actividad social, dotándose de fundamentos metodológicos y convirtiéndose en
una disciplina indispensable para el desarrollo de la sociedad, la pedagogía, término
de origen griego que significa “conducir al niño”, así que aunque se aplique a
toda la ciencia de la educación, el origen de la actividad se limitó a la
educación infantil.
La cultura griega clásica es la cuna de la
pedagogía reconocida y practicada en el mundo occidental. Además de dar nombre
a la disciplina como paidos, niño, gogía, conducir, esto es conducir al niño,
también tiene origen griego el término skole, con el que nombraban al tiempo ocioso,
durante el cual los pensadores se dedicaban a la contemplación de la naturaleza
y a filosofar, métodos de enseñanza dirigidos a la formación general del hombre
y del cual se deriva el actual vocablo escuela. La dialéctica es un método que
permite someter a examen ciertos conjuntos de creencias, el examen lo llevó a
cabo Sócrates dirigiendo a su interlocutor una serie de preguntas críticas y
comprometedoras para explorar si hay inconsistencia en sus respuestas, pues una
teoría contradictoria no puede aceptarse como verdadera. El término mayéutica
nombra a la técnica de asistir en los partos, en el método aplicado por Sócrates
el maestro hace que el alumno por medio de preguntas descubra conocimientos. La
técnica consiste en preguntar al interlocutor acerca de algo, y luego se
procede a debatir la respuesta por medio del establecimiento de conceptos
generales, lo que lleva a un concepto nuevo desarrollado a partir del anterior.
Fuera Rebelais,
en 1535, el primero que se aproximó al valor educativo del juego, mediante las
cartas para aprender menudencias e invenciones, tiros de aritmética y el
juguete, caballo de madera, para alcanzar aprendizajes o aptitudes, cabalgar,
saltar, caracolear. Erasmo, en 1530, decía que la naturaleza del niño en sitio
alguno se manifiesta porque no juegue, por lo que recomienda que sea el niño
acertadamente resultado de sí mismo, no menos en el juego que en el convite.
Comenio, 1632, recomendó la mezcla de lo lúdico con lo serio para obtener un
doble o triple rendimiento en el trabajo. De esta manera las escuelas serían
verdaderamente la preparación para la vida, así recomendó acertadamente. En el
siglo XVIII se produce un gran desarrollo de los juegos didácticos, se emplean
juegos de cartas para el aprendizaje de diversas materias, proliferan las
loterías instructivas, el juego de la oca, y surgen los rompecabezas. La
influencia de Lockhe se hace sentir, instruir deleitando sigue siendo el lema,
se ponen de modo los juegos de lectura, capaces de enseñar de la menor forma
posible en muy poco tiempo sin que los niños se percaten. Son las enseñanzas
elementales las que ofrecen más novedad, y sin rigor científico son preferidas.
Los juegos educativos se extienden por todos los rincones y se ponen a
disposición del pueblo. Todo esto en oposición al escolasticismo fomentado por
la iglesia católica en la educación.
Rosseau, 1712-1778,
precursor de la nueva pedagogía, piensa que la educación del hombre comienza al
nacer y se desarrolla dentro del marco familiar en un ambiente conforme a reglas
naturales, en lo que las experiencias sensoriales son básicas. Los principios
educativos y filosóficos de Rosseau sentaron cátedra en Europa. Su mensaje abre
el camino a la educación moderna, basando el aprendizaje en la experimentación.
Él consideró a los estudios como un medio o instrumento y no como un fin.
Reconoció la necesidad de actividades sensoriales motrices, preconizó una
enseñanza razonada y se preocupó por el niño en cuanto individuo. Sus
seguidores defenderán su mensaje, solidarios con niños deficientes. En esa
misma idea insistió Pestalozzi, 1746-827, que dio a la madre un papel esencial
en el desarrollo gradual del niño a través de su interacción directa con la
naturaleza, empleando un mayor número de sentidos.
Froebel, 1774-1836,
a quien se debe la creación del jardín de la infancia, intentó poner en
práctica los principios de sus antecesores, aconsejó que la educación infantil
recaiga también en las madres. Exploró el juego espontáneo del niño a través de
diversas etapas de su evolución y supo proporcionarle un amplio abanico de
experiencias apropiadas para desenvolver armónicamente su pensamiento. Los
juegos sensoriales ocupan las manos y todos los sentidos del niño, la
manipulación, la fabricación son inseparables del conocimiento.
En esta etapa
las figuras más destacadas son María Montessori y Oville Decroly. Montessori,
1870-1952, aplica la psicología a la educación relacionada con la escuela,
según lo cual el desarrollo del niño se irá produciendo a través de su mente
condicionada por periodos sensibles, fases en la que tiene diferentes perspectivas para los distintos tipos de
aprendizaje. Trata de perfeccionar los sentidos del niño a fin de desarrollar
su actividad psíquica, crear un ambiente específico de libertad, actividad
independiente y disciplina, siguiendo su propio ritmo, en cual el niño se
sienta feliz y responsable del espacio y los materiales en los ejercicios de la
vida práctica. Hizo una aportación superabundante de material exclusivamente
experimental, sensorial o didáctico, adaptado a la idea precisa del niño capaz
de servirse de él para lograr nuevos conocimientos.
Decroly,
1871-1932, introduce un nuevo concepto de educación del niño de modo regulado,
y respetando el carácter de la actividad lúdica le confiere una dimensión nueva
de medio o recurso didáctico. Autor del método global de una escuela para la
vida y por la vida, incluye los juegos que designa como educativos para el
conocimiento por parte del niño de su propia personalidad, y por otro el
conocimiento de las condiciones del medio natural y humano en que vive. El
material de Montessori y Decroly fue puesto a disposición de las escuelas entre
1920 y 1965, y adaptado en décadas posteriores aún hasta la actualidad, donde
es empleado en metodologías educativas experienciales.
Como
consecuencia de un proceso evolutivo durante siglos a lo largo de la historia
humana se fue configurando el concepto de la educación interpretado como
proceso mediante el cual adultos especializados en métodos de enseñanza
transmiten conocimientos a las nuevas generaciones, mediante actividades de
instrucción configuradas como clases en un entorno identificado como
institución educativa. De modo que fueron apareciendo y reconociéndose diversas
categorías, como educación, enseñanza, instrucción, estrategias pedagógicas,
métodos didácticos, entorno educativo, escuela, clases. Más recientemente surge
la categoría de ciencias de la educación como elemento globalizador que permite
orientar a la profesionalización al más alto nivel, con estudios universitarios
para la formación de docentes capaces de atender los requerimientos del proceso
educativo en los diferentes niveles de instrucción y la aplicación de
actualizados y efectivos métodos de enseñanza.
Desde sus
inicios la pedagógica asumió la importancia de la formación integral de las
nuevas generaciones, no sólo forzándose por la transmisión de conocimientos
sobre la experiencia colectiva y el mundo real, sino además por la conformación
de la personalidad del niño, del adolescente y del joven, a fin de aportar
ciudadanos acordes con las necesidades de la sociedad. La creación de convicciones
bajo criterios éticos e ideológicos forma parte de los objetivos esenciales en
la práctica pedagógica. Con el actual desarrollo tecnológico de los medios de
comunicación, el trabajo que realizan los educadores en las escuelas para la
formación de convicciones de sus alumnos se ve complementado, y es ocasiones
incluso afectado, por la avalancha de información y ejemplos paradigmáticos que
fluyen a través de dichos medios comunicacionales, principalmente la
televisión, el cine, los videojuegos y otros que configuran las denominadas
vías no formales de la educación. De modo que el proceso de enseñanza
aprendizaje ya dejó de ser un monopolio exclusivo de las instituciones
educativas y de los docentes, pasando a ser una esfera de participación de toda
la sociedad, en primer término, de la familia, lo que enriquece, al tiempo que
complejiza, el alcance y misiones de la pedagogía en estos tiempos.
De cualquier
modo, siempre la labor del educador está orientada a la transmisión de
conocimientos a sus alumnos, e incluso la formación de convicciones se basa en
ese proceso, pues son los conocimientos sobre las tradiciones, la historia, la
cultura, los valores y principios éticos inmorales los que van configurando la
personalidad individual y estableciendo normas para la conducta social. De modo
que tal como ocurre desde sus orígenes, el proceso pedagógico tiene sus bases
en la transmisión de conocimientos desde un agente transmisor, que es el
maestro a uno receptor, que es el alumno. Lo que ha cambiado y perfeccionado a
lo largo de la práctica y la renovación metodológica son los procedimientos
didácticos, las técnicas a emplear para que dicho proceso de transmisión de
conocimientos sea lo más efectivo posible.
De tal modo
se han configurado a través de la historia las diferentes estrategias
pedagógicas y metodologías didácticas, con el aporte de grandes pensadores y
combinando los fundamentos de diversas disciplinas que demuestran cómo funciona
el cerebro humano y cómo el conglomerado social influye en la labor educativa.
La formación de aptitudes, habilidades y destrezas es un propósito que la labor
educativa alcanza para configurar el talento humano. Todas las personas que
nacen con plena capacidad de sus potencialidades físicas están en igualdad para
desarrollar, de igual modo, sus capacidades mentales, lo cual va a estar
determinado por el modo como influyan en ellas los procesos de transmisión de
información para la conformación de su talento personal individual. Por eso
puede afirmarse que en las condiciones de sub-escolarización y abandono social en
que vive una buena parte de la población infantil en el mundo de desigualdades
hoy, gran parte del talento humano se pierde irremediablemente. Nadie sabrá
jamás qué pudo aportar al bienestar de la sociedad aquel niño o niña privados
por su condición social de la posibilidad de adquirir conocimientos y
desarrollar su talento. Así la desatención a las necesidades educativas de la
infancia se convierte en boomerang que golpeará a la misma sociedad que provocó
semejante situación.
Los factores
que intervienen en el proceso educativo pueden resumirse en los cuatro
siguientes: quien enseña, que recibe el honorífico título de maestro, lo cual
resume su capacidad para conducirse con maestría en la ardua labor de ser un
modelo paradigmático a seguir; quienes aprenden, que acude al maestro con el
fin de captar lo mejor de él para incorporarlo a su personalidad en formación y
promover el talento escondido en su genes; la metodología o procedimientos a
aplicar para que dicha transmisión paradigmática se lleve a cabo, no solo con
información y conocimientos, sino además con normas de conducta, valores y convicciones
de diversa índole; los medios y material didáctico que conforman al entorno
educativo donde se lleva a cabo este proceso y que influirá en positiva o
negativamente en su desarrollo.
Las ciencias
de la educación se encargan de que la conformación de estos factores y su
interacción en el proceso educativo estén regidas por fundamentos
científicamente concebidos, en correspondencia con los avances de las
neurociencias que estudian cómo funciona el cerebro humano, y de las ciencias
humanísticas que permiten ubicar adecuadamente al ser humano dentro de un
conglomerado social. Las teorías constructivistas sobre el desarrollo del
conocimiento humano han demostrado que este se va configurando en los mapas
mentales como ocurre con la construcción de un edificio desde sus cimientos
hasta la cúspide. De modo que nadie aprende desde la nada, pues siempre existe
niveles de información inicial adquirida mediante diversas vías experienciales
sobre las cuales se depositarán y anclarán los nuevos conocimientos, proceso
que será más efectivo en la medida en que dichos nuevos conocimientos tengan
importancia y verdadero significado para que quien aprende. De tal modo el
constructivismo opera mediante conocimientos significativos y experienciales,
lo cual condiciona su metodología para el proceso del aprendizaje.
La labor
educativa no tendrá éxito si el maestro no tiene en cuenta el conocimiento
previo de sus alumnos, sobre el cual se fijará la nueva información que le
transmita. Ese conocimiento previo está presente en cada niño o niña desde sus
primeros tiempos de nacido bajo la influencia inicial de la familia, como
vivencias que abarcan todos los estímulos que dejaron alguna huella en su
conciencia. Por eso los niños y niñas que acumulan muchos recuerdos
significativos a través del juego y otras acciones lúdicas tendrán más
capacidades para adquirir nuevos conocimientos y aprenderán mejor en las
escuelas.
Las neurociencias han aportado a los procesos pedagógicos valiosa información sobre cómo se produce el aprendizaje en los seres humanos, como resultado de una secuencia de cuatro etapas principales: la adquisición, el procesamiento, el almacenamiento de nueva información, y finalmente su uso en función de objetivos prácticos. La cibernética, en su afán por construir cerebros electrónicos cada vez más poderosos y sofisticados, ha copiado en las computadoras este proceso.