Para la Ludología, lúdica se escribe como mayúscula, pues no se trata de un simple adjetivo que identifica a un tipo de actividad placentera, sino que es un concepto completo y abarcador con carácter sustantivo, de tal modo, a diferencia de la pedagogía, la sociología, la psicología y otras disciplinas que lo emplean como un medio para explicar y o encausar procesos afines a ellas, la Ludología define al juego en su dimensión esencial, estudiándolo no sólo desde la visión externa y condicionada del investigador, sino sobre todo desde la posición comprometida y las placenteras motivaciones intrínsecas del jugador, transfiriéndolo de ser un medio en función de, a ser el objeto esencial y fin en sí mismo de la conducta lúdica en los seres humanos.
La
investigación y estudios en torno a la Ludología tienen entre sus objetivos la
formación de ludólogos, especialistas en la abordaje a la actividad lúdica
desde una comprensión absolutamente abarcadora, pero para lo cual es
indispensable realizar aproximaciones a las diversas disciplinas que son afines
a su campo de acción: la pedagogía que estudia el juego vinculado a proceso de
enseñanza aprendizaje, la sociología que lo estudia vinculado a las
revelaciones en la sociedad humana, la psicología que lo estudia en función del
desarrollo del intelecto y la personalidad, la etnología que lo estudia durante
el decursar de la civilización y la cultura, la comunicación social, que lo
estudia como recurso del intercambio interpersonal en el conglomerado humano,
la ética, que lo estudia como recurso para la formación en valores y el más adecuado
funcionamiento de la sociedad.
El fenómeno
del juego puede ser tratado desde dos enfoques metodológicos y de
investigación, uno instrumental y otro esencial. Para el primero el juego es un
instrumento, una herramienta al servicio de los fines y objetivos de diversas
disciplinas humanísticas que tropiezan con él, aunque no se propongan
estudiarlo, sobre todo debido al carácter antropológico de la actividad lúdica,
presente en todas las acciones humanas.
Desde el
punto de vista esencial el estudio del juego lo asume con un fin en sí mismo,
como el principal objeto de indagación científica, el juego por el juego, no
para enseñar, formar personalidad, integrar grupos humanos u otros resultados
que siempre llegarán por añadidura, cuando las personas se dedican a jugar con
el único y principal objetivo de obtener placer, divertirse, recrearse. En este
caso la finalidad del juego es el desarrollo humano, que se alcanza cuando los
participantes experimentan el gozo de la actividad integradora, donde vencer
retos estimula la autoestima y fortalece las competencias personales.
De modo que con
el estudio del juego, sobre todo empleando recursos de la comunicación social,
son válidas las preguntas básicas del periodismo, ¿qué?, ¿por qué?, ¿cómo?,
¿para qué? Mientras el para qué se juega y el cómo se juega, tienen valor
instrumental, pues asumen al juego como un medio, el qué es el juego y el por
qué se juega lo asumen como un fin en sí mismo, procurando revelar el verdadero
valor esencial de la actividad lúdica.
En el estudio
de la Ludología, obviaremos las preguntas como y para qué, ya que corresponden
a la pedagogía, la sociología, la psicología, el recreacionismo y otras
disciplinas que emplean el juego como un herramienta. Para la Ludología lo
fundamental es responder las preguntas básicas, ¿qué es el juego? y ¿por qué se
juega?, con las cuales se estará penetrando en el misterio y la magia de la
actividad lúdica, presentes desde las primeras etapas de la civilización
humana.
Son muchos
los autores que han dado respuestas a la pregunta básica, ¿qué es el juego? El
problema principal radica en que lo hacen desde las posiciones de sus
respectivas disciplinas y por tanto, condicionados por otra de las preguntas,
el ¿para qué se juega?, de modo que responden el qué a partir del para qué, lo
que provoca que existan tantas respuestas como intereses particulares de
aplicación del juego, responder adecuadamente al ¿qué es el juego? exige
liberarse los condicionamientos de su aplicación instrumental y acudir
solamente a los de su valor esencial, el juego en sí mismo.
Una de las
respuestas más abarcadoras es la del filósofo e historiador holandés Johann Huizinga
en su libro “Homo ludens”, escrito en 1938. Significativamente, Huizinga no era
pedagogo, psicólogo o sociólogo, y por tanto estaba liberado del pecado capital
en estas disciplinas, de interpretar al juego como una herramienta. Su
profesión de historiador lo acerca más a la comunicación social y de filósofo a
la ética.
A la
afirmación de que el juego por el juego es un sin sentido, pues el juego
siempre debe servir para algo, FLEDO responde: en que el juego siempre debe
servir para algo estamos de acuerdo, pero, sin dudas no lo estaremos en el para
qué. Para la pedagogía, la psicología, la sociología y la antropología el juego
es una herramienta de la enseñanza y del conocimiento humano en lo individual y
lo colectivo, empleándose como un medio con valor instrumental, ¿para qué se
juega?, y no como un fin en mismo con valores esencial, ¿por qué se juega?
Nuestra propuesta es no verlo desde la posición externa y condicionada del
investigador, sino desde la interior y comprometida del jugador, como en la
historia de Chicha, personaje de la “Edad de Oro”, de José Martí, a quien al
preguntársele, ¿por qué te comes esa aceituna tan despacio?, en alusión a una
conducta lúdica, placentera, simplemente contestó… ¡Porque me gusta mucho! Se
requerirá estudiarla desde la Ludología, como nueva esfera del conocimiento
dedicada a la lúdica.
A la
afirmación de que la lúdica trata sobre los juegos infantiles FLEDO responde:
la lúdica es un campo del que hacer humano caracterizado sobre todo por la
representación simbólica de la realidad como su forma de expresión, por el
pleno ejercicio de la libertad como su modo de realización, y que contribuye
sustancialmente a la satisfacción de la necesidad de desarrollo. Se vincula
sobre todo con la comunicación social como herramienta de interacción de las
personas en la sociedad, y con la ética como recurso para la formación de
valores, y regulador de las normas de conducta en lo individual y social, y
tiene como componentes epistemológicos esenciales a la necesidad, la actividad
y el placer lúdicos. Además del juego son acciones lúdicas la fiesta, el arte,
el deporte aficionado, el humor popular, la liturgia religiosa, el acto
creativo que permite abordar el trabajo con actitud lúdica, la entrega de amor
en la pareja humana, y toda manifestación de espiritualidad.
A la
afirmación de que el juego es una pérdida de tiempo, y solo sirve para
entretener, FLEDO responde: lamentablemente, en la pragmática sociedad actual,
donde los resultados materiales son lo único valedero, este criterio está más
presente que lo deseado, pues, aunque no se exprese abiertamente si se
manifestará cuando el tiempo requerido para el ejercicio del juego por las
personas de todas las edades se sacrifica en beneficio del trabajo. Se ignora
así que la actividad lúdica en general, y el juego en particular contribuye a
formar, desde las edades más tempranas, hábitos y habilidades que tributan
sobre todo al desarrollo humano en lo individual y lo social. Al propiciar la
experimentación sin los efectos traumáticos que acompañan a las acciones
reales, el juego resulta una eficaz herramienta para la educación y la
formación, lo que, dicho sea de paso, no será nunca un resultado vinculado al
entretenimiento, sino sobre todo a la verdadera recreación.
A la
afirmación de que el entretenimiento es el recurso principal para la ocupación
del tiempo libre de las personas, FLEDO responde: entretener significa
literalmente “tener entre”, mantener a las personas ocupadas o entretenidas en
la telaraña de las formas atractivas y cautivadoras, propiciándoles vías de
escape de la realidad, sobre todo cuando esta puede resultarles traumática.
Así, el entretenimiento será siempre la elevación de la realidad, y por tanto
no contribuirá al desarrollo humano. El verdadero recurso para eso es la
recreación que significa textualmente recrearse, volver a ser. La recreación es
participación activa, placentera y comprometida de las personas, lo que
contribuye a la comprensión, asimilación y transformación de su realidad, y por
tanto al desarrollo humano en lo individual y lo social. Aun cuando el
entretenimiento pueda ser deseado en ocasiones durante el tiempo de ocio, el
verdadero tiempo libre solo lo será cuando se dedique al ejercicio de la
recreación.
A la
afirmación de que los cachorros animales juegan tal como lo hacen niños y niñas,
FLEDO responde: en el juego, actividad lúdica por excelencia, se produce una
representación simbólica de la realidad que los jugadores asumen mediante el
ejercicio del hacer como sí. La ejecución de roles en la acción lúdica, que es
posible por la capacidad de abstracción del pensamiento humano, e imposible
para el pensamiento concreto animal, que no permite interpretar la realidad
mediante símbolos. La acción de los cachorros se define como retozo, actividad
placentera absolutamente física en la que no existe el simbolismo lúdico, y que
también es propia de los recién nacidos y párvulos, el denominado fuego
funcional antes de la aparición del habla, momento en que comienza a
estructurarse la capacidad simbólica en el pensamiento racional. A partir de
aquí el quehacer lúdico en los seres humanos transita hacia el verdadero juego,
y el retozo queda sólo como una forma más de esta actividad, el juego de
ejercicios. En los animales este tránsito nunca se produce y su acción
placentera será siempre exclusivamente retozo.
A la
afirmación de que en los sistemas de clasificación, una categoría son los
juegos lúdicos, FLEDO responde: esto es un disparate tan grande como decir
aceite aceitoso. Así como todo aceite es aceitoso, su propiedad por definición,
todo juego es lúdico. Aceptar como cierta la categoría de juegos lúdicos
implica la aceptación, de hecho, de otros que no los son, incluidos en otras
categorías, lo que es un error conceptual, pues aquella acción en la que no
estén presentes las cualidades lúdicas esenciales (ejercicio de la libertad,
representación simbólica de la realidad, satisfacción en su realización,
motivación por el placer...) dejará de ser inmediatamente juego, también por
definición. La pérdida de las cualidades lúdicas convierte la acción de
autocondicionada en eterocondicionada, o impuesta por normas dictadas fuera de
la voluntad del individuo, y por tanto se pierde allí el ejercicio de la
libertad, principal cualidad que define al juego.
A la
afirmación de que en cuanto a los juegos didácticos tienen un importante papel
en la educación, FLEDO responde: la didáctica se encarga de los métodos de la
instrucción en el sistema educacional. Lo didáctico es, según el diccionario,
lo adecuado para enseñar o instruir. De modo que un juego didáctico es aquel
concebido para apoyar el proceso de enseñanza en una disciplina determinada,
tal como lo hace un libro de texto u otro material audiovisual, en los que el
objetivo está centrado en la adquisición del conocimiento. Esto niega el
sentido del juego, donde lo esencial será siempre la obtención del placer, la
recreación, y los valores educativos llegarán por añadidura. Así, tales juegos
pierden su componente lúdico y se convierten en trabajo escolar. El papel del
juego en la educación está en la motivación mediante el placer, para ejercitar
y consolidar los saberes ya adquiridos, o ir a la búsqueda de otros nuevos, que
la actividad lúdica sugiere. Lo didáctico puede ser una cualidad en el juego,
pero nunca un criterio de clasificación.
A la
afirmación de que niños y niñas pueden aprender a ganar ya perder mediante el
juego, FLEDO responde: uno de los valores más extraordinarios del juego es la
expresión de sus resultados en el ganar-ganar. Si lo más importante en él es la
obtención del placer, la participación comprometida y activa será siempre una
ganancia para todos los jugadores, que obtendrán así alegría, socialización,
satisfacción personal y otros beneficios de la verdadera recreación. En el
juego sólo perderá quien no juegue, o haga trampas pretendiendo ganar, con lo
cual se estará situando fuera del juego. Por eso es inadecuado concluir la
actividad del juego con muchos supuestos perdedores a quienes eliminar, y uno o
varios ganadores a quienes premiar. A diferencia del trabajo, donde lo que
prima es la competición, en el juego a de estimularse la competencia, o
posibilidad de cada jugador para ser competente o capaz de vencer el reto que
el juego le plantea, único resultado que debe destacarse en el camino del
desarrollo humano.