LUDOLOGIA 1 (Pedro Fulleda Bandera)

             Para la Ludología, lúdica se escribe como mayúscula, pues no se trata de un simple adjetivo que identifica a un tipo de actividad placentera, sino que es un concepto completo y abarcador con carácter sustantivo, de tal modo, a diferencia de la pedagogía, la sociología, la psicología y otras disciplinas que lo emplean como un medio para explicar y o encausar procesos afines a ellas, la Ludología define al juego en su dimensión esencial, estudiándolo no sólo desde la visión externa y condicionada del investigador, sino sobre todo desde la posición comprometida y las placenteras motivaciones intrínsecas del jugador, transfiriéndolo de ser un medio en función de, a ser el objeto esencial y fin en sí mismo de la conducta lúdica en los seres humanos.

La investigación y estudios en torno a la Ludología tienen entre sus objetivos la formación de ludólogos, especialistas en la abordaje a la actividad lúdica desde una comprensión absolutamente abarcadora, pero para lo cual es indispensable realizar aproximaciones a las diversas disciplinas que son afines a su campo de acción: la pedagogía que estudia el juego vinculado a proceso de enseñanza aprendizaje, la sociología que lo estudia vinculado a las revelaciones en la sociedad humana, la psicología que lo estudia en función del desarrollo del intelecto y la personalidad, la etnología que lo estudia durante el decursar de la civilización y la cultura, la comunicación social, que lo estudia como recurso del intercambio interpersonal en el conglomerado humano, la ética, que lo estudia como recurso para la formación en valores y el más adecuado funcionamiento de la sociedad.

El fenómeno del juego puede ser tratado desde dos enfoques metodológicos y de investigación, uno instrumental y otro esencial. Para el primero el juego es un instrumento, una herramienta al servicio de los fines y objetivos de diversas disciplinas humanísticas que tropiezan con él, aunque no se propongan estudiarlo, sobre todo debido al carácter antropológico de la actividad lúdica, presente en todas las acciones humanas.

Desde el punto de vista esencial el estudio del juego lo asume con un fin en sí mismo, como el principal objeto de indagación científica, el juego por el juego, no para enseñar, formar personalidad, integrar grupos humanos u otros resultados que siempre llegarán por añadidura, cuando las personas se dedican a jugar con el único y principal objetivo de obtener placer, divertirse, recrearse. En este caso la finalidad del juego es el desarrollo humano, que se alcanza cuando los participantes experimentan el gozo de la actividad integradora, donde vencer retos estimula la autoestima y fortalece las competencias personales.

De modo que con el estudio del juego, sobre todo empleando recursos de la comunicación social, son válidas las preguntas básicas del periodismo, ¿qué?, ¿por qué?, ¿cómo?, ¿para qué? Mientras el para qué se juega y el cómo se juega, tienen valor instrumental, pues asumen al juego como un medio, el qué es el juego y el por qué se juega lo asumen como un fin en sí mismo, procurando revelar el verdadero valor esencial de la actividad lúdica.

En el estudio de la Ludología, obviaremos las preguntas como y para qué, ya que corresponden a la pedagogía, la sociología, la psicología, el recreacionismo y otras disciplinas que emplean el juego como un herramienta. Para la Ludología lo fundamental es responder las preguntas básicas, ¿qué es el juego? y ¿por qué se juega?, con las cuales se estará penetrando en el misterio y la magia de la actividad lúdica, presentes desde las primeras etapas de la civilización humana.

Son muchos los autores que han dado respuestas a la pregunta básica, ¿qué es el juego? El problema principal radica en que lo hacen desde las posiciones de sus respectivas disciplinas y por tanto, condicionados por otra de las preguntas, el ¿para qué se juega?, de modo que responden el qué a partir del para qué, lo que provoca que existan tantas respuestas como intereses particulares de aplicación del juego, responder adecuadamente al ¿qué es el juego? exige liberarse los condicionamientos de su aplicación instrumental y acudir solamente a los de su valor esencial, el juego en sí mismo.

Una de las respuestas más abarcadoras es la del filósofo e historiador holandés Johann Huizinga en su libro “Homo ludens”, escrito en 1938. Significativamente, Huizinga no era pedagogo, psicólogo o sociólogo, y por tanto estaba liberado del pecado capital en estas disciplinas, de interpretar al juego como una herramienta. Su profesión de historiador lo acerca más a la comunicación social y de filósofo a la ética.

A la afirmación de que el juego por el juego es un sin sentido, pues el juego siempre debe servir para algo, FLEDO responde: en que el juego siempre debe servir para algo estamos de acuerdo, pero, sin dudas no lo estaremos en el para qué. Para la pedagogía, la psicología, la sociología y la antropología el juego es una herramienta de la enseñanza y del conocimiento humano en lo individual y lo colectivo, empleándose como un medio con valor instrumental, ¿para qué se juega?, y no como un fin en mismo con valores esencial, ¿por qué se juega? Nuestra propuesta es no verlo desde la posición externa y condicionada del investigador, sino desde la interior y comprometida del jugador, como en la historia de Chicha, personaje de la “Edad de Oro”, de José Martí, a quien al preguntársele, ¿por qué te comes esa aceituna tan despacio?, en alusión a una conducta lúdica, placentera, simplemente contestó… ¡Porque me gusta mucho! Se requerirá estudiarla desde la Ludología, como nueva esfera del conocimiento dedicada a la lúdica.

A la afirmación de que la lúdica trata sobre los juegos infantiles FLEDO responde: la lúdica es un campo del que hacer humano caracterizado sobre todo por la representación simbólica de la realidad como su forma de expresión, por el pleno ejercicio de la libertad como su modo de realización, y que contribuye sustancialmente a la satisfacción de la necesidad de desarrollo. Se vincula sobre todo con la comunicación social como herramienta de interacción de las personas en la sociedad, y con la ética como recurso para la formación de valores, y regulador de las normas de conducta en lo individual y social, y tiene como componentes epistemológicos esenciales a la necesidad, la actividad y el placer lúdicos. Además del juego son acciones lúdicas la fiesta, el arte, el deporte aficionado, el humor popular, la liturgia religiosa, el acto creativo que permite abordar el trabajo con actitud lúdica, la entrega de amor en la pareja humana, y toda manifestación de espiritualidad.

A la afirmación de que el juego es una pérdida de tiempo, y solo sirve para entretener, FLEDO responde: lamentablemente, en la pragmática sociedad actual, donde los resultados materiales son lo único valedero, este criterio está más presente que lo deseado, pues, aunque no se exprese abiertamente si se manifestará cuando el tiempo requerido para el ejercicio del juego por las personas de todas las edades se sacrifica en beneficio del trabajo. Se ignora así que la actividad lúdica en general, y el juego en particular contribuye a formar, desde las edades más tempranas, hábitos y habilidades que tributan sobre todo al desarrollo humano en lo individual y lo social. Al propiciar la experimentación sin los efectos traumáticos que acompañan a las acciones reales, el juego resulta una eficaz herramienta para la educación y la formación, lo que, dicho sea de paso, no será nunca un resultado vinculado al entretenimiento, sino sobre todo a la verdadera recreación.

A la afirmación de que el entretenimiento es el recurso principal para la ocupación del tiempo libre de las personas, FLEDO responde: entretener significa literalmente “tener entre”, mantener a las personas ocupadas o entretenidas en la telaraña de las formas atractivas y cautivadoras, propiciándoles vías de escape de la realidad, sobre todo cuando esta puede resultarles traumática. Así, el entretenimiento será siempre la elevación de la realidad, y por tanto no contribuirá al desarrollo humano. El verdadero recurso para eso es la recreación que significa textualmente recrearse, volver a ser. La recreación es participación activa, placentera y comprometida de las personas, lo que contribuye a la comprensión, asimilación y transformación de su realidad, y por tanto al desarrollo humano en lo individual y lo social. Aun cuando el entretenimiento pueda ser deseado en ocasiones durante el tiempo de ocio, el verdadero tiempo libre solo lo será cuando se dedique al ejercicio de la recreación.

A la afirmación de que los cachorros animales juegan tal como lo hacen niños y niñas, FLEDO responde: en el juego, actividad lúdica por excelencia, se produce una representación simbólica de la realidad que los jugadores asumen mediante el ejercicio del hacer como sí. La ejecución de roles en la acción lúdica, que es posible por la capacidad de abstracción del pensamiento humano, e imposible para el pensamiento concreto animal, que no permite interpretar la realidad mediante símbolos. La acción de los cachorros se define como retozo, actividad placentera absolutamente física en la que no existe el simbolismo lúdico, y que también es propia de los recién nacidos y párvulos, el denominado fuego funcional antes de la aparición del habla, momento en que comienza a estructurarse la capacidad simbólica en el pensamiento racional. A partir de aquí el quehacer lúdico en los seres humanos transita hacia el verdadero juego, y el retozo queda sólo como una forma más de esta actividad, el juego de ejercicios. En los animales este tránsito nunca se produce y su acción placentera será siempre exclusivamente retozo.

A la afirmación de que en los sistemas de clasificación, una categoría son los juegos lúdicos, FLEDO responde: esto es un disparate tan grande como decir aceite aceitoso. Así como todo aceite es aceitoso, su propiedad por definición, todo juego es lúdico. Aceptar como cierta la categoría de juegos lúdicos implica la aceptación, de hecho, de otros que no los son, incluidos en otras categorías, lo que es un error conceptual, pues aquella acción en la que no estén presentes las cualidades lúdicas esenciales (ejercicio de la libertad, representación simbólica de la realidad, satisfacción en su realización, motivación por el placer...) dejará de ser inmediatamente juego, también por definición. La pérdida de las cualidades lúdicas convierte la acción de autocondicionada en eterocondicionada, o impuesta por normas dictadas fuera de la voluntad del individuo, y por tanto se pierde allí el ejercicio de la libertad, principal cualidad que define al juego.

A la afirmación de que en cuanto a los juegos didácticos tienen un importante papel en la educación, FLEDO responde: la didáctica se encarga de los métodos de la instrucción en el sistema educacional. Lo didáctico es, según el diccionario, lo adecuado para enseñar o instruir. De modo que un juego didáctico es aquel concebido para apoyar el proceso de enseñanza en una disciplina determinada, tal como lo hace un libro de texto u otro material audiovisual, en los que el objetivo está centrado en la adquisición del conocimiento. Esto niega el sentido del juego, donde lo esencial será siempre la obtención del placer, la recreación, y los valores educativos llegarán por añadidura. Así, tales juegos pierden su componente lúdico y se convierten en trabajo escolar. El papel del juego en la educación está en la motivación mediante el placer, para ejercitar y consolidar los saberes ya adquiridos, o ir a la búsqueda de otros nuevos, que la actividad lúdica sugiere. Lo didáctico puede ser una cualidad en el juego, pero nunca un criterio de clasificación.

A la afirmación de que niños y niñas pueden aprender a ganar ya perder mediante el juego, FLEDO responde: uno de los valores más extraordinarios del juego es la expresión de sus resultados en el ganar-ganar. Si lo más importante en él es la obtención del placer, la participación comprometida y activa será siempre una ganancia para todos los jugadores, que obtendrán así alegría, socialización, satisfacción personal y otros beneficios de la verdadera recreación. En el juego sólo perderá quien no juegue, o haga trampas pretendiendo ganar, con lo cual se estará situando fuera del juego. Por eso es inadecuado concluir la actividad del juego con muchos supuestos perdedores a quienes eliminar, y uno o varios ganadores a quienes premiar. A diferencia del trabajo, donde lo que prima es la competición, en el juego a de estimularse la competencia, o posibilidad de cada jugador para ser competente o capaz de vencer el reto que el juego le plantea, único resultado que debe destacarse en el camino del desarrollo humano.