LÚDICA POR EL DESARROLLO HUMANO (Pedro Fulleda Bandera)

        El concepto de la lúdica es poco manejado en nuestras sociedades. Generalmente se le limita la interpretación de los juegos infantiles. Se ignora que esta categoría define uno de los procesos más abarcadores y omnipresentes de la cultura, y se concreta mediante las formas específicas que asume, como expresiones culturales en un determinado contexto de tiempo y espacio.

El héroe nacional cubano José Martí lo definió así en “La Edad de Oro”: “Los pueblos, lo mismo que los niños, necesitan de tiempo en tiempo algo así como correr mucho, reírse mucho, y dar gritos y saltos. Es que en la vida no se puede hacer todo lo que se quiere y lo que se va quedando sin hacer sale así, de tiempo en tiempo, como una locura”.

El enfoque lúdico promueve el estudio del juego por el juego, no en un plano instrumental, sino en su dimensión esencial, no sólo desde la visión externa y condicionada del investigador, sino sobre todo desde la posición comprometida y las placenteras motivaciones intrínsecas del jugador, transfiriéndolo de ser un medio en función de, a ser el fin en sí mismo de la conducta lúdica en los seres humanos. Las siguientes preguntas básicas resumen el planteamiento: ¿para qué?, ¿cómo?... valor instrumental, el juego como medio. ¿Qué?, ¿por qué?... valor esencial, el juego como fin en sí mismo.

a)      Enfoque instrumental. El juego como un medio, en función de…

·         Pedagogía: procesos de enseñanza y desarrollo de habilidades.

·         Sociología: estudio de los grupos humanos y la socialización.

·         Psicología: formación de la personalidad, la conducta y las capacidades.

·         Etnología: análisis histórico de los procesos culturales.

b)      Enfoque lúdico. El juego como un fin en sí mismo…

·         Comunicación social: afectividad, asertividad, placer.

·         Ética: valores humanos, autoestima, resiliencia.

c)       Ludología. Implica la indagación del juego por el juego para la obtención del placer, a partir de lo cual lo demás vendrá por añadidura.

d)       Recursos metodológicos: pedagogía, psicología, sociología, etnología, recreacionismo, (se proponen resolver el para qué y el cómo).

e)       Fundamentos epistemológicos: comunicación social, ética (se proponen resolver el qué y el por qué). Respecto a la comunicación social, la actividad lúdica tiene un alcance abarcador que incluye al juego, al arte, la fiesta, la afectividad, al amor, y otras manifestaciones de la interacción humana. Respecto a la ética, como parte de la filosofía que trata de las obligaciones del hombre, cual conjunto de normas morales que rigen la conducta humana desde un enfoque holístico hacia la indispensable formación de valores, en procesos que determinan el contenido esencial de la educación en todas sus vías, formales y no formales.

Para dar respuesta al qué es el juego podría bastar con acudir a las definiciones dadas por los autores más reconocidos, entre ellos Johann Huizinga en “Homo Ludens”: “El juego, en su aspecto formal, es una acción libre ejecutada como si y sentida como situada fuera de la vida corriente. Pero que a pesar de todo puede absorber por completo al jugador, sin que haya en ella ningún interés material ni se obtenga en ella provecho alguno, que se ejecuta dentro de un determinado tiempo y un determinado espacio, que se desarrolla en un orden sometido a reglas y que da origen a asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfrazarse para destacarse del mundo habitual”. En esta afirmación se destacan los siguientes conceptos para la definición del juego: ejercicio de la libertad, recreación simbólica de la realidad, estimulación desde el placer, satisfacción por su desarrollo, demarcación espacio-temporal, concertación de intereses, motivación socializadora.

Además del juego son también actividades lúdicas las diversas manifestaciones del arte, del espectáculo y la fiesta, la comicidad de los pueblos, el afán creador en el quehacer laboral, que lo convierte de simple acción reproductiva en interesante proceso creativo, el rito sacro y la liturgia religiosa, la relación afectiva, y el sublime acto de amor en la pareja humana. Lo que tienen en común es que cada una de ellas se basa en la recreación simbólica de la realidad.

El simbolismo lúdico es el elemento definitorio por excelencia de las acciones lúdicas. Simbolismo lúdico significa trasladarse a una dimensión espacio-temporal paralela a lo real, potenciando los recursos de la imaginación y fantasía. Representar simbólicamente la realidad permite conocerla mejor en sus aspectos esenciales, aquellos que la definen como tal, y que no pueden faltar en cualquier modelo simbólico que de ella se haga. De tal modo se favorecen los procesos del aprendizaje al permitirse la experimentación al margen de las consecuencias traumáticas del error, pues tales efectos no estarán presentes en el modelo en la misma magnitud con que operan en el proceso real. Así, las acciones lúdicas contribuyen, como ninguna otra, al desarrollo humano en lo individual y lo social.

Para penetrar en la esencia del acto lúdico, ¿por qué se juega?, es preciso comprender las siguientes categorías:

·         Necesidad lúdica: es la inevitabilidad, la urgencia irresistible de ejecutar, bajo un impulso vital, acciones de forma libre y espontánea como manifestación del movimiento dialéctico en pos del desarrollo.

·         Actividad lúdica: es la acción misma, dirigida conscientemente a la liberación voluntaria del impulso vital generado por la necesidad.

·         Placer lúdico: es la satisfacción estimuladora del desarrollo, alcanzada durante la realización de la necesidad a través de su actividad peculiar, que es el acto lúdico.

La necesidad lúdica tiene carácter instintivo e innato. La actividad lúdica comienza con semejante motivación natural, con el denominado “juego funcional” del recién nacido. El placer lúdico es consecuencia de la imbricación de factores individuales e instintivos generados por la necesidad, con los colectivos y sociales propiciados por la actividad.

Todo comienza con la necesidad. Como categoría filosófica, la necesidad surge de la esencia, de la naturaleza interna de un fenómeno en desarrollo. Es algo constante y estable para todo proceso determinado. Y por tanto es condición universal de la existencia material, a la que está sometido todo cuanto existe. En el caso de los seres vivos, como necesidad vital ella se manifiesta a través de dos formas concretas e intrínsecamente relacionadas:

·         Necesidad de subsistencia, rige la acción de los organismos individuales en su lucha por la supervivencia, como son los actos de la alimentación, defensa, descanso, etc., por lo que tiene un marcado carácter ontogénico.

·         Necesidad de desarrollo, rige sobre todo la acción de los organismos en función de la preservación de su especie, como son los actos de la reproducción y los evolutivos en general, por lo que tiene un esencial carácter filogénico.

La solución de la necesidad, en su doble vertiente, la consiguen los organismos vivos mediante su actividad. Y es en este punto donde concurren las diferencias sustanciales que califican a los diversos estadios biológicos. La primera de ellas radica en la clasificación de los seres vivos en vegetales y animales. En los vegetales la actividad orientada a la satisfacción de ambos tipos de necesidad transcurre sobre todo en el marco de su individualidad, pues todas sus funciones vitales pueden satisfacerse por el mismo individuo. En los animales, como consecuencia y condición de su facultad de locomoción, las necesidades de subsistencia pueden ser en general satisfechas por el individuo aisladamente, pero las de desarrollo exigen la presencia como mínimo de la pareja, creándose así las premisas para la convivencia grupal en manadas de los animales, que tiene la sociedad humana su máxima expresión.

La otra clasificación tiene que ver particularmente con el comportamiento sensorial de las especies animales, según las siguientes definiciones:

·         Lo instintivo: responde a impulsos naturales, determinados por factores absolutamente biológicos y por tanto hereditarios, sin la presencia de reflexión como condicionante previa.

·         Lo consciente: requiere de una intencionalidad reflexiva como condición inicial, lo que implica la toma de conciencia sobre la acción y sus resultados.

Mientras que en los restantes animales toda actividad será siempre instintiva, tanto orientadas a la satisfacción de la necesidad de subsistencia como a la de desarrollo, en el ser humano, por las superiores facultades de su corteza cerebral la actividad en una u otra dirección será generalmente consciente, aun cuando presenta acciones absolutamente instintivas, vinculadas a la supervivencia, como las regidas por el instinto de conservación.

De tal modo el hombre, entendido como especie humana, es el único ser capaz de abordar la solución de su necesidad de subsistencia con un tipo exclusivo y superior de actividad, que es el trabajo. Solo el hombre trabaja, pues los restantes animales resuelven dicha necesidad mediante acciones instintivas, biológicamente determinadas. Lo que diferencia, por ejemplo, el trabajo del peor arquitecto de la labor de la mejor abeja es que aquel antes de acometer la construcción de un edificio la realizó previamente en su mente, por lo que su actividad es muy superior al permitir la incorporación de soluciones creativas, imposibles de lograr en el panal, instintivamente construido por las abejas, según un patrón transmitido genéticamente.

Y por igual causa, el hombre es el único ser capaz de abordar la solución de su necesidad de desarrollo con un tipo exclusivo y superior de actividad, que es justamente el acto lúdico. Solo el hombre juega, como solo él tiene acceso al arte, la risa, la liturgia religiosa y la creatividad, pues incluso aunque estemos en presencia del retozo de los cachorros en las especies más inteligentes, tales acciones no resultan lúdicas por varias razones: carecen de intencionalidad reflexiva y no son, conscientes sino instintivas, y no está presente en ellas el simbolismo lúdico, el “hacer como si”, que, caracteriza al juego en los seres humanos por la capacidad abstracta de su pensamiento, imposible de alcanzar por el pensamiento concreto animal. Dichas acciones están más vinculadas a la satisfacción de la necesidad de subsistencia que a la de desarrollo de la especie, pues así los cachorros se adiestran para la subsistencia. Incluso los animales entrenados para el circo, que aparentemente juegan, actúan por reflejos condicionados que bien conocen los domadores: la amenaza del castigo en caso de fallar, y la recompensa alimenticia de hacerlo bien.

A diferencia del hedonismo de Freud, basado en la satisfacción sexual, la lúdica asume al desarrollo como el recurso para la obtención del placer. Para la filosofía, la tendencia al desarrollo como necesidad universal rige todos los procesos naturales y sociales y es piedra angular de la existencia en la naturaleza y en la sociedad, teniendo como factor generador al movimiento, entendido como actividad de transformación renovadora de lo simple a lo complejo, de las formas inferiores a las superiores, del paso de una cualidad a otra más perfeccionada.

La psicología evolutiva reconoce en el recién nacido dos tipos principales de acciones físicas, las que tienen que ver con la satisfacción de su necesidad de subsistencia, como el llanto o el reflejo de succión ante la presencia de cualquier objeto entre los labios, y otras no directamente vinculadas con la subsistencia del pequeño ser humano. A las pocas semanas de nacido comienza a accionar cuanto tiene movible en su cuerpo, agita brazos y piernas, saca la lengua, gira el cuello… en su evolución psicomotriz dichos movimientos responden a una congénita necesidad de desarrollo, cuya satisfacción le permite mayor conocimiento de mí mismo. Incorporando la experiencia que descubrió de manera casual a su memoria en formación, va perfeccionando sus acciones con su repetición de modo intencional, lo que le causa satisfacción personal, disfruta del placer de sentirse moviente.

Así estamos en presencia del impulso lúdico vital. El psicólogo austríaco Karl Buller denominó esta etapa como del “juego funcional” por estar relacionada al desarrollo de funciones primarias que condicionan, en el ser humano, acciones corporales y la coordinación psicofísica de su comportamiento, y es para Piaget el inicio de lo que denomina “juego de ejercicios”, punto de partida en las etapas de desarrollo de las estructuras mentales del niño.

El recién nacido ignora las causas de su actuación, no es racionalmente consciente, de ella por carecer de símbolos o conceptos con que designarla, pero experimenta la necesidad de su ejecución, y en respuesta actúa voluntaria e intencionalmente. Por casualidad descubre que accionar sus miembros le es agradable, ignora el por qué y ni siquiera comprende qué está haciendo, mas, siente el placer de entrar en conocimiento de sí mismo, de su propia presencia, de aquello que puede poner en acción a voluntad. Y de tal modo comienza a disfrutar plenamente, y por primera vez, del ejercicio de su libertad, que es precisamente donde radica la magia del juego. Esa la piedra angular de la lúdica, su forma de manifestación por excelencia.

Lo que diferencia principalmente al juego del trabajo es que mientras éste es heterocondicionado, o impuesto de forma obligatoria por normas dictadas más allá de la voluntad del hombre, que lo acepta por responder a su necesidad de subsistencia, como expresión de un sistema de poder en que se inserta, comúnmente en un nivel inferior, la actividad lúdica sólo será real cuando sea autocondicionada, o determinada por la propia voluntad, u obligación interior de los participantes, actuando en igualdad de condiciones. Semejante cualidad de libertad es la razón esencial que convierte al acto lúdico en un momento de desarrollo personal.

La necesidad lúdica es necesidad de desarrollo materializada en el impulso vital congénito en los seres humanos, de ejecutar acciones de forma libre y espontánea, como expresión de su capacidad existencial, o ejercicio de determinadas formas de poder. Entendamos como poder la razón en virtud de la cual un elemento participante en el proceso dialéctico del desarrollo es capaz de transitar de una cualidad inferior a otra superior con la concertación de otros elementos presentes en el medio donde se inserta, y que conforman sus esferas de influencia. Esto es, que puede actuar sobre sí mismo y sobre el entorno natural y social que le rodea.

Todo cuanto existe, tanto en la naturaleza como en la sociedad, está insertado en determinados sistemas de poder, lo cual significa que al tiempo de ejercer su actividad sobre los elementos que conforman sus esferas de influencia, forma parte de las esferas de influencia de otros elementos cualitativamente superiores en cuanto a desarrollo. El hombre no es comúnmente consciente de esta situación de dependencia, pero la familia, la comunidad, la nación, la sociedad, la Humanidad en su conjunto, son ascendentes sistemas de poder en los que está insertado, formando parte de las esferas de influencia de otros elementos más desarrollados que él, situación en la que el ser humano podrá asumir cuatro actitudes:

·         Adaptarse a las reglas establecidas por quienes los rigen.

·         Intentar transformarlas según sus propios intereses.

·         Abandonar el sistema que le resulte adverso.

·         Intentar crear uno propio según sus necesidades.

Todos hemos transitado por estas decisiones a lo largo de nuestras vidas sin percatarnos. El ejemplo más significativo es la familia. Al venir al mundo, el recién nacido queda insertado en este inicial sistema de poder donde las reglas son dictadas por los adultos. Para los jóvenes, la solución es abandonar el sistema adverso, dejando atrás la tutela del hogar paterno para emprender sus propios caminos, y generalmente buscan el placer en la actividad sexual. Para los adolescentes, el intento de transformar el sistema familiar que aún no pueden abandonar es causa de rebeldía y de enfrentamientos intergeneracionales, y generalmente buscan el placer en la ensoñación. Por su corta edad, al niño le es imposible intentar transformar las reglas adultas, y tampoco podrá aún abandonar el sistema adverso, así que sólo le queda la opción de adaptarse a lo establecido, y el modo para lograrlo es creando sus propios sistemas de poder, en los que reproducirá la realidad a fin de comprenderla, asimilarla y acomodarse a ella, proceso de asimilación-acomodación expuesto por Piaget, y su fuente de placer en estas circunstancias es la actividad lúdica.

Surge así la necesidad del juego como sistema de poder al servicio del niño para propiciar su propio desarrollo con la consiguiente obtención del placer mediante la satisfacción de tal necesidad vital. Los juguetes, sus compañeros de juego, él mismo, forman parte de las esferas de influencia sobre las que el niño podrá actuar libremente durante la actividad lúdica sin que le interfieran las reglas adultas que rigen los sistemas de poder mayores (familia, escuela, sociedad…). Por eso defienden su territorio y pierden la espontaneidad ante la intromisión adulta que pretenda regir su actividad de juego, donde las reglas son dictadas por ellos dejando afuera el mundo real que intentan comprender por distanciamiento.

El quehacer cotidiano del ser humano lo integran tres tipos de actividades:

·         Laborales: dirigidas a la satisfacción de la necesidad de subsistencia del individuo, durante el denominado, tiempo laboral. Su principal característica es que son acciones heterocondicionadas, o impuestas por factores externos al ser humano, al margen de su voluntad, por lo que su cumplimiento es de obligación total.

·         Lúdicas: dirigidas a la satisfacción de la necesidad de desarrollo del individuo durante el denominado tiempo libre o de ocio. Su principal característica es que son acciones autocondicionadas, o guiadas por factores internos al ser humano, respondiendo a su voluntad y decisión, por lo que permiten el ejercicio de la libertad.

·         Vitales: dirigidas a la satisfacción de necesidades fisiológicas de subsistencia del individuo, comer, beber, dormir, vestir, aseo. Son acciones autocondicionadas, con carácter de obligación interior en respuesta a mecanismos automáticos de la conducta humana.

Las actividades laborales (el trabajo y el estudio o trabajo escolar) responden a la necesidad de subsistencia. Ocurren en el tiempo de trabajo. Son heterocondicionadas o impuestas fuera de la voluntad del individuo. Su cumplimiento es obligación total. Tienen prioridad entre las acciones cotidianas en la sociedad, a la que importa la formación de riqueza. Las actividades lúdicas (el juego, la fiesta, el arte, el deporte, el humor popular, la liturgia religiosa, el acto creativo que permite el trabajo con actitud lúdica, la entrega de amor en la pareja humana) responden a la necesidad de desarrollo individual y social. Ocurren durante el tiempo libre, de ejercicio de la libertad. Son autocondicionadas, guiadas por factores internos, dependientes de la voluntad y decisión del individuo. Su cumplimiento no es obligatorio y permiten el ejercicio de la libertad. Son subvaloradas entre las acciones de la sociedad, ya que no aportan beneficios materiales.

Nuestra pragmática sociedad occidental está sustentada en el culto casi exclusivo a lo material. Desde la más temprana edad los seres humanos comienzan a entrenarse para integrar el ejército de la fuerza de trabajo. La escolarización precoz de la infancia, con su carga docente en el sistema escolar, extendida a las tareas para el hogar, reduce a cero el tiempo necesario para que se haga realidad el derecho de niños y niñas al juego, con lo que se impide su importante papel en la educación.

La necesidad lúdica surge en la cuna y no desaparece ya a todo lo largo de la vida. Si bien en las edades infantiles el juego ha de contribuir a la formación de la personalidad y de las capacidades físicas y mentales del individuo, durante la adolescencia, la juventud y la adultez tendrá como misión esencial reafirmar los aspectos que definen su posibilidad de enfrentar los retos que le plantea la existencia. Una inadecuada atención a la necesidad lúdica de adolescentes, jóvenes y adultos podrá provocar deformaciones en sus conductas, tales como la drogadicción, el alcoholismo, la práctica de juegos con fines lucrativos, ludopatías, y la delincuencia, que atentan contra la buena marcha de la sociedad, por lo que ésta debe propiciar alternativas para una sana recreación, a través de una efectiva educación en y para el tiempo libre.

En el campo de las aplicaciones prácticas del juego hay que tener en cuenta los siguientes aspectos.

·         Forma: se refiere al simbolismo lúdico, el juego como recreación simbólica de la realidad, en lo que radica gran parte de su valor educativo y motivacional.

·         Contenido: se refiere al planteamiento problémico, heurístico, del juego, al reto que conlleva su solución, en lo que radica su valor de relación, de competencia y cooperación, entre jugadores, así como su restante valor educativo.

·         Efecto: se refiere a la obtención del placer que provoca vencer el reto, en lo que radica su valor de desarrollo personal por los nuevos conocimientos, la elevación de la autoestima y la socialización.

No es probable que la actividad lúdica pueda erigirse en único método del empeño educativo, ya que éste requiere de la seriedad y obligatoriedad con que se cumplen y verifican las leyes naturales y sociales. Por eso sus aplicaciones se encaminan esencialmente dentro de la educación no formal. En su aplicación pedagógica, el papel del juego en el proceso cognoscitivo es, evidentemente, el de la motivación. Poniendo en acción desde la obtención del placer por la liberación del impulso lúdico vital presente en los seres humanos las capacidades físicas y mentales del individuo, garantiza la predisposición necesaria para la búsqueda y adquisición de nuevos conocimientos, que aseguren el tránsito hacia más elevadas cotas en la satisfacción de la necesidad de desarrollo.

El juego no sólo predispone hacia el proceso psicopedagógico en cuanto a lo motivacional, la voluntad para actuar por la obtención del placer, en la exploración y búsqueda del conocimiento, sino además en lo heurístico, la estructuración de estrategias de pensamiento para la resolución de problemas que la misma actividad del juego plantea, la conformación de habilidades para “aprender a aprender”, y la formación y desarrollo del pensamiento lateral, soporte mental para la creatividad.

En su aplicación psicológica el juego contribuye al desarrollo de la creatividad, los niños desarrollan una insuperable capacidad imaginativa por la necesidad de construir, con el juego, sistemas de poder como dimensiones paralelas a la realidad, lo cual les concede el soporte mental para la labor creativa, el pensamiento lateral. Pero, sólo podrán desarrollar su creatividad en la medida en que enriquezcan sus conocimientos y lleven a sus mapas mentales nuevos conceptos con los que comprender mejor el mundo en que viven. Incorporar la actividad lúdica a los procesos de enseñanza de manera adecuada, sin dar al juego otro fin que no sea el de propiciar placer mediante el ejercicio de la libertad para los procesos cognoscitivos, creativos y afectivos, es recurso psicopedagógico que apunta hacia una superior formación del educando. Se trata de un difícil empeño, en que con frecuencia se cae en el error de emplearlo como recurso didáctico, privándole de su cualidad esencial.

También en lo psicológico es de destacar la aplicación del juego en la gerontología. Durante su existencia el ser humano se empeña en experimentar situaciones que enriquezcan su memoria. Cuando en circunstancias adversas se ve impedido de actuar según sus necesidades puede acudir al almacén de su memoria para renacer con el recuerdo y mantener un estado de ánimo positivo. Sus recuerdos son la reserva de energía de que se alimentará para vivir. Pero esa reserva energética se agotará si no se renueva con otras experiencias. Cuando el ser humano comprende que no puede seguir alimentándose de sus recuerdos cae en agonía existencial, y tendrá ante sí dos alternativas: o languidecer en la inactividad o lanzarse a la búsqueda de nuevas experiencias vivenciales positivas. Tal decisión es la que marca las fronteras entre juventud y vejez. En su libro, Un cierto modo de vivir, el español Luis Saji Vela comenta: “No dejamos de jugar porque envejecemos. Envejecemos porque dejamos de jugar”.

En su aplicación sociológica el juego es base del desarrollo individual en que se sustenta el desarrollo social bajo el principio del “ser para ser”, expresión que resume ambas vertientes de la necesidad vital en los seres humanos: el desarrollo para la subsistencia y la subsistencia para el desarrollo, en la fórmula “Ser para ser-hacer para ser”. Ella se deforma cuando en el contexto de la sociedad de consumo se impone un nuevo término que la convierte en una tríada de enajenación. Así, el empeño de la subsistencia (el hacer) se encamina hacia una artificial necesidad de consumo por el bien-estar, en lugar de a la necesidad de desarrollo, al bien-ser, implantándose entonces el ejercicio del poder mediante la riqueza, y el estar, con la equivalencia de posición derivada del tener, se convierte en expresión de la condición humana: como estés, así serás, o lo que es igual: cuánto tienes, tanto vales...

En el empeño de comprensión de la realidad social el juego se manifestará como campo de experimentación, de lucha incruenta y amistosa del individuo frente a sus contrarios.

Al jugar, y como expresión del sistema de poder establecido durante la actividad lúdica, el niño se enfrentará a dos tipos de contrarios: consigo mismo y con el entorno natural y social. Bajo el influjo del medio en que vive pasa el niño enfrentarse a su entorno, principalmente el social, formado por sus semejantes en el creciente marco de sus relaciones desde la familia hasta la comunidad. Todos los actos del ser humano serán el resultado de su lucha contra sus contrarios, a los que está dialécticamente unido en la búsqueda de su propio desarrollo, manifestándose en dos tendencias principales: la laboral y la lúdica. Mientras que en el campo laboral tal enfrentamiento puede adoptar formas violentas, debido al hecho de que en la realidad regida por reglas impuestas al individuo desde afuera los errores suelen ser costosos, en el accionar lúdico será siempre fraternal y positivo, pues en el juego es posible fallar sin traumáticas consecuencias, ya que en todo caso bastará con modificar las reglas. En el enfrentamiento con los contrarios durante el juego es preciso asumir a estos como cooperantes y no como adversarios, por cuanto es su presencia lo que hace posible la obtención del placer mediante la actividad lúdica.