Pedro Fulleda Bandera (creador de la Metodología FLEDO)
Esto no es un relato de ciencia-ficción, ni una prédica religiosa. Tiene un fundamento absolutamente real, pero sin total constatación científica por el momento, tal como ocurrió con todas las teorías que anticiparon logros científicos y tecnológicos en la historia de la Humanidad. Una cabal comprensión de sus fundamentos contribuirá a alcanzar satisfactoria certeza sobre preguntas aún sin respuestas, de hechos significativos que encontramos en cada tramo de nuestro tránsito por la existencia. Por supuesto que la inevitable brevedad me impedirá ser abundante en argumentos.
EL COMIENZO…
La ciencia reconoce al
Big Bang como el comienzo de nuestro Universo, hace 13 mil 700 millones de
años. Primera aclaración necesaria: “nuestro Universo”, lo cual infiere la
realidad de que hay muchos otros, surgiendo y desapareciendo indistintamente,
en una dinámica colosal que sólo alcanzamos a imaginar como un complejo
existencial denominado Multiverso, o Universos múltiples. Sólo así tiene
sentido el gran fundamento de la Física, de que “nada es eterno, pero la
realidad material es infinita”, pues, si bien los universos nacen y mueren,
tienen principio y fin, el Todo permanece, dinámicamente cambiante, pero
inextinguible.
Nuestro
Universo surgió de una singularidad, como se reconoce al fenómeno físico en que
toda la materia está concentrada en un punto de dimensión indefinible, para el
cual las magnitudes del tiempo y el espacio son inexistentes. La compresión
final de toda una realidad material en semejante punto parece ser la misión de
los agujeros negros como resultado de una colosal fuerza gravitatoria que
elimina la separación entre las partículas atómicas y las comprime entre sí.
Teniendo en cuenta que en el micromundo lo predominante no son los elementos
físicos, sino el espacio existente entre ellos (lo que hace posible que rayos
cósmicos pasen libremente sin
interactuar con ellos), se puede concebir el grado de compactación alcanzado
por la singularidad en un objeto increíblemente masivo, desencadenándose
procesos de fusión nuclear, con la violenta liberación de energía conocida como
Gran Explosión.
Tal estallido proyectó oleadas materiales
expandiéndose en todas direcciones, creándose con ello nuestro Universo con los
atributos de tiempo y espacio como condiciones existenciales de la materia. La
Física cuántica expone que semejante aceleración configuró a la materia como
cuerdas de energía vibrando con una velocidad mayor que la de la luz. Ese campo
energético fue, y sigue siendo, predominante, lo que en la actualidad podemos
llamar Energía universal, formada por taquiones (elementos más veloces que la
luz). Investigaciones astronómicas modernas, como las llevadas a cabo por la
nave “Planck” lanzada en 2009, comprueban que el 68,3% de la composición de
nuestro Universo corresponde a la denominada “energía oscura”, que no se sabe
bien qué y cómo es, pero está ahí, cuya presencia provoca que la expansión
acelerada del Universo conocido siga incrementándose en la actualidad.
En su expansión, los flujos de alta energía
interactuaron, ralentizando la velocidad vibracional de las cuerdas cuánticas
hasta el surgimiento de un estado diferente de la materia, en forma de
partículas elementales, ladrillos para la creación de la substancia. El
Universo quedó así poblado por la materia en sus formas básicas: la energía,
cuya propiedad esencial es el movimiento, o vibración, y la substancia, que
tiene a la masa como su principal cualidad. Entre ambas formas existe un estado
intermedio: el plasma, con cualidades comunes a las dos. Este proceso condujo a
que en el Universo apareciese el polvo cósmico, como substancia primigenia que,
bajo la acción de las fuerzas fundamentales de la Naturaleza –gravedad,
electromagnetismo, nuclear débil y nuclear fuerte, todas ellas expresión de la
Energía universal- posibilitó el surgimiento de estrellas, planetas, galaxias,
y otros cuerpos cósmicos con una ilimitada diversidad, conformando la realidad
material que no deja de sorprendernos…
LA VIDA…
¡GRACIAS POR EL FUEGO!...
Las estrellas son poderosas fuentes de energía,
en forma de luz y calor, con los torrentes de plasma que arrojan al espacio
cósmico, partículas elementales que recorren grandes distancias a la velocidad
de la luz. Ellas son las forjadoras de vida en el Universo… Para que esta
aparezca se requiere de un contexto favorable, donde la energía plasmática
estelar pueda hacer el milagro. Y ese otro
elemento en la ecuación son los planetas, cuerpos fríos que orbitan a una
estrella, aportando la substancia con condiciones requeridas en cuanto a
composición, humedad, temperatura, protección atmosférica, y otras, derivadas
de la diversidad de elementos químicos y propiedades físicas presentes en su
entorno.
La aparición de vida en el Universo no es un
hecho casual y exclusivo, como la Cosmología ortodoxa proclama, bajo el mito de
que “somos únicos y estamos solos” en la infinitud cósmica. Por el contrario,
es un proceso absolutamente causal y generalizado, siempre que concurran los
dos elementos antes expuestos, lo que en cualquier proporción que se asuma
(¿uno en un millón…?), debido a la colosal cantidad de planetas orbitando
estrellas en nuestra barriada intersideral dará como resultados una miríada de mundos
habitados. Pero, el fenómeno de la vida no debe limitarse a nuestra
interpretación conceptual, pudiendo presentarse de muy diversas formas. El
fuego es una de ellas. ¿Quién duda que es una entidad con propiedades
semejantes a las de todo ser vivo? Nace (como una insignificante chispa), crece
y se desarrolla (pudiendo alcanzar dimensiones colosales), se alimenta
(consumiendo oxígeno y otros nutrientes del entorno), se mueve (agitándose y
desplazándose), se multiplica (lanzando llamaradas a grandes distancias), y
finalmente, cuando concluye su ciclo vital (agotando sus fuentes de energía),
muere…
Así, el fuego estelar es la manifestación
primigenia y más extendida de vida en el Universo. ¡Gracias por el fuego! Como
forma de vida, el fuego carece de corporeidad; tiene existencia en sí, pero no
para sí… Para que esta esencial condición aparezca es indispensable la
concurrencia de los procesos y elementos constitutivos de la vida en un
contexto particular. El fuego arde en una atmósfera de gases combustibles,
requiere de un entorno gaseoso, no pudiendo existir en un medio líquido o
sólido. Una forma de vida dotada de corporeidad requiere de un entorno acuoso,
donde sus componentes puedan combinarse entre sí, crear membranas que limiten
su mundo interior del exterior, adquiriendo estructuras estables y
consistentes. En una incalculable proporción de planetas existen esas
condiciones: fuentes de agua con elementos químicos disueltos en ellas, y
atmósfera protectora. Así, la substancia presente en tales astros aportó la
materia prima para la creación de vida corpóreamente concebida, y se requirió
la chispa que hiciese el milagro, con el accionar de la otra esencial
manifestación de la realidad material: la energía, descargas electromagnéticas
o emisiones solares, que dieron funcionalidad a los corpúsculos fisicoquímicos
en los recipientes acuosos, formando organismos unicelulares…
LA
INTELIGENCIA…
Todos
los procesos en la Naturaleza se
rigen por la ley del desarrollo, que establece el tránsito obligatorio desde
formas y estados simples a otros más complejos. Así, en lo inanimado, las
partículas nucleares elementales se enlazan en moléculas, y estas en objetos de
muy diversas dimensiones, como las galaxias. Al surgir la vida corpórea
unicelular se inició semejante proceso evolutivo, con el resultado de seres
pluricelulares, primero arraigados a su sustrato, o vegetales, y luego con
capacidad de libre movilidad, o animales, que durante miles de millones de años
realizaron el tránsito de las fuentes de agua a tierra firme, creándose la
multiplicidad de especies que finalmente poblaron al Universo con el producto
superior de la realidad material: los seres inteligentes.
La inteligencia es energía con conciencia de sí. Esta es una
definición absolutamente polémica, pero que, en esencia, aporta una comprensión
total de los extraordinarios procesos que caracterizan a la existencia humana.
Para la Psicología ortodoxa la inteligencia es un fruto de la actividad
cerebral, con lo que se la reduce al mismo nivel de las ideas. Pero, la
realidad cotidiana demuestra que no son la misma cosa, pues, mientras las ideas
se limitan a funcionar como conceptos en el campo de la subjetividad, la
inteligencia funciona como real mecanismo generador y controlador de toda la
actividad física, desencadenando procesos de razonamiento conceptual para el
análisis de la realidad y la toma de decisiones, así como de impulsos volitivos
sobre el sistema nervioso central para la acción corporal.
La inteligencia es pieza rectora en el mecanismo de la conducta,
que tiene a las ideas como combustible para funcionar. Los animales no tienen
conciencia de sí… ninguno puede pensar “yo soy”; sus cerebros funcionan con
pensamientos concretos, no con ideas, por lo que no poseen inteligencia
abstracta (¡blasfemia…!, gritarán ahora los amantes de las mascotas
domésticas). Los más avanzados intelectualmente (perros, simios, cetáceos…)
hacen uso de un tipo de “inteligencia concreta” basada en la capacidad (plasticidad)
del cerebro para incorporar experiencias que se traduzcan en nuevos
conocimientos y habilidades, adquiridas mediante procesos de condicionamiento
clásico u operante (aprendizaje por reflejos condicionados, investigado por
Pávlov y Skinner). Sus perros, querid@s amig@s, sí pueden aprender y tener
comportamientos habilidosos, pero sólo mediante el entrenamiento conductista…
¡nunca por razonamiento!, lo que es facultad exclusiva de los seres humanos. No
descarto que, con la evolución, perros, simios o cetáceos puedan convertirse,
algún día y en algún lugar, en seres inteligentes…
LA
MENTE CÓSMICA...
¿Cómo
surgieron los seres inteligentes? La
Energía universal, que se expande y colma las inconmensurables extensiones del
Universo desde el mismo instante del Big Bang, es de naturaleza vibratoria
cuántica, que lo ocupa todo, definiendo tanto el espacio como el tiempo. Ella
está en el supuesto vacío entre las partículas elementales del micromundo y en
las colosales distancias entre los astros del macrocosmos. Es un océano
infinito en que se sumerge toda la realidad material, ejerciendo su influencia
sobre ella de igual modo que cuando se arroja una piedra en una orilla de un
acuatorio, provocando ondas que influyen en las otras orillas.
De modo que los seres humanos estamos inmersos en el océano de la
cuántica Energía universal. Y así existen en nosotros dos tipos de campos
energéticos: el bioeléctrico, regido por las células neuronales, que circula a
través de la red de nervios para ejecutar procesos vitales autónomos y acciones
conscientes, y el cuántico, regido por el sistema de chakras, que circula a
través de meridianos acupunturales para concretar nuestra condición cósmica en
dependencia de la Energía universal.
En el proceso de evolución de los animales en entornos
planetarios, apareció en ellos un sistema orgánico destinado a realizar la toma
de nutrientes desde el ambiente: el sistema digestivo, con toda su complejidad
y particularidades. De igual modo, en una escala superior de la evolución
animal apareció un sistema orgánico destinado a realizar el enlace entre la
energía bioeléctrica de origen neuronal, y la Energía universal en cuyo océano
estamos inmersos: el sistema nervioso central. La misión del cerebro es actuar
como modulador de la Energía universal que tenemos dentro, para poder
aprovechar su potencial cuántico en función de nuestros procesos vitales
autónomos y acciones conscientes.
Así se estructura el Yo superior, magnitud que configura una
personal condición existencial y nos convierte en seres inteligentes. La
existencia del Yo superior es cuestionada por la Psicología ortodoxa, aunque
infinitas muestras de su existencia son aportadas por hechos fenomenales que
sorprenden a los seres humanos bajo los denominados estados alterados de
conciencia. Lo que sucede es que un insuficiente nivel de desarrollo, como es
común a circunstancias sociales predominantes en cada época histórica, impiden
que la misión moduladora del cerebro respecto a la Energía universal ocurra de
manera consciente y voluntaria, como será en algún momento superior de la
evolución humana, por lo que tales hechos fenomenales (telepatía, telequinesis,
predicciones…) aparecen sólo como chispazos de la meta conciencia.
Cada Yo superior
es como una gota de agua en el
océano de la Energía universal, de forma que todos los seres inteligentes nos
interconectamos e interactuamos, y los frutos de esa actividad mental conforman
una magnitud superior, la Mente cósmica, emporio de todos los pensamientos,
ideas y conocimientos elaborados por los seres inteligentes durante toda su
historia, almacenados en lo que místicamente se conoce como “registros
akáshicos”, fuente cuántica de consultas de la que puede obtenerse saber
mediante estados alterados de conciencia, durante el sueño o la meditación.
Ella es, indudablemente, la inteligencia, energía con conciencia de sí…
Como entidad cuántica, el Yo superior existe al margen de la
capacidad vital de cada ser inteligente, de modo que al cesar las funciones
cerebrales la actividad bioeléctrica neuronal desaparece, pero la energía
esencial, de naturaleza cuántica, se conserva y es asimilada por la Energía
universal de la que provino antes, como una gota de agua que regresa al océano,
en un ciclo cósmico que se repite indefinidamente a través de muchas vidas.
NATURALEZA Y SOCIEDAD...
La principal capacidad de los seres inteligentes es la de vivir en
sociedad. Muchos animales construyen sociedades, algunas realmente complejas,
no en respuesta a una inteligencia abstracta, conscientemente aplicada, sino a
patrones biológicos genéticamente determinados, por lo que no pueden ser
modificados a voluntad (todas las construcciones de abejas o termitas serán
idénticas, generación tras generación). La sociedad humana es la única
sustentada en la tecnología, en el desarrollo consciente y voluntario de
conocimientos y su consecuente aplicación, lo cual es la base de la
civilización. Aunque se reconoce la capacidad de especies animales para formar
cultura, entendida como toda huella dejada con el decursar de sus generaciones
a través del tiempo, sólo el ser humano puede crear civilización, como el fruto
diversificado e históricamente asumido de la cultura.
El proceso tecnológico humano (y por tanto la creación de su
civilización) comenzó con la elaboración de las primeras herramientas por parte
de los prehomínidos, lo cual les situó un paso adelante respecto a otras
especies. Luego vendría, como hito significativo, el dominio del fuego, como
fuente primaria de energía con la que el todavía Homo hábilis pudo comenzar a
incidir en el curso natural de la evolución, de modo que, calentando
artificialmente su cuerpo para resistir el frío invernal, requirió menos del
pelambre propio de los animales.
Y así, a lo largo de milenios el Homo sapiens construyó su
cultura, teniendo como principal motivación el uso de la energía aportada por fuentes naturales, al punto de que la
simbiosis entre Naturaleza y Sociedad se puede evaluar por los niveles de
apropiación energética, según la escala de Kardashov, propuesta en 1964 por
este astrofísico ruso: una civilización de Tipo I es la que domina los recursos
energéticos en su planeta, la de Tipo II lo hace a nivel de su sistema estelar,
mientras que la de Tipo III es capaz de lograrlo a niveles galácticos.
Los terrícolas estamos construyendo una civilización de Tipo I,
atados a la cuna planetaria, empleando fuentes energéticas como el carbón,
petróleo, gas, fuerzas eólica, térmica e hidráulica. Con la exploración de
nuestro sistema estelar y el cada vez mayor aprovechamiento de la energía atómica
y las radiaciones provenientes del Sol, iniciaremos el tránsito hacia una
civilización de Tipo II, lo cual es la meta tecnológica en el Tercer milenio.
Una civilización de Tipo III es para nosotros un sueño inimaginable e
inalcanzable, pues no lo permite nuestra propia condición física, orgánica.
¿Cómo será para otras especies inteligentes, en la gran extensión del
Multiverso…?
Indudablemente, abundan las civilizaciones de Tipo I, planetarias,
con seres semejantes a nosotros, humanoides biológicos elementales, que
contemplan las estrellas, pero sin poder alcanzarlas todavía. Y también hay
muchas civilizaciones de Tipo II, estelares, con seres cuya tecnología les
permite no sólo construir poderosos artefactos para viajar por el cosmos, sino
sobre todo modificar sus propias estructuras físicas para hacerlas más
adecuadas a la exploración espacial, transformándose de seres biológicos en
seres biomecánicos, ciborgs, e incluso la existencia de civilizaciones
estelares formadas por seres mecánicos, poderosas máquinas dotadas de
autosuficiencia para reproducirse, clonantes, verdaderas amenazas para los
seres biológicos y biomecánicos, a quienes tienen como rivales en su afán de
dominación del Universo. Y finalmente las civilizaciones de Tipo III,
galácticas, donde la evolución alcanza un máximo nivel, con entidades
desprovistas de toda estructura física, con una realidad material en que la
substancia ya es innecesaria y sólo se requiere la energía.
Una civilización de Tipo III, capaz de dominar la energía a escala
universal, sólo puede estar formada por seres cósmicos, energéticos. ¡No es
inteligente dudar de su existencia! Los seres cósmicos son entidades cuánticas,
por lo que su hábitat es la Energía universal. Conforman la Mente cósmica, la
inteligencia que nutre a los seres inteligentes, integrándose a ellos como el
Yo superior de sus ciclos vitales, en procesos denominados de encarnación, o
vuelta a la vida en condiciones físicas, carnales, en todos los mundos
habitados del Universo…
SERES
CÓSMICOS…
Las entidades que pueblan la Energía universal no son
todas idénticas. Se diferencian por los niveles vibracionales de las cuerdas, o
estructuras cuánticas, por lo que pueden ser sublumínicas, lumínicas o
superlumínicas, en comparación con la velocidad de la luz. Ya se sabe que con
el Big Bang los campos energéticos en el Universo se desplazan como taquiones,
a mayor velocidad que la lumínica. Pero esa condición varía, y se produce la
disminución vibracional hasta escalas subluminares, determinando una diversidad
de seres cósmicos existiendo en diferentes dimensiones, o plataformas de la
realidad, indistintamente unas de otras, ocupando los mismos espacios y tiempos
en un Universo multidimensional, pero sin interactuar entre ellas debido a que
sus realidades vibracionales son absolutamente diferentes.
En nuestro Universo existen cinco dimensiones, desde la 4 hasta la
0. Dimensión 4 es la de mundos físicos, donde la realidad se manifiesta
mediante tres magnitudes espaciales -largo, ancho, alto- y una temporal -ahora, el presente-. Los seres humanos
erróneamente consideran que existen en una tercera dimensión, al evaluar
solamente las magnitudes espaciales dejando fuera al tiempo, que como demostró
Einstein es la cuarta magnitud de la existencia material. En ella existen los
seres físicos, biológicos, biometálicos o metálicos, y los seres cósmicos están
presentes de forma encarnada, como el Yo superior de cada ser inteligente.
Dimensión 3 es el primer nivel de seres cósmicos, nombrados
arcontes, con capacidad subluminar, de naturaleza densa e impura, iniciándose
en el proceso evolutivo energético, los que se manifiestan en dos magnitudes
espaciales –largo, ancho-, por lo que en mundos de Dimensión 4 pueden verse
como seres oscuros, sombras sin volumen, y con una magnitud temporal –antes-,
con deseos de regresar el pasado, a situaciones cargadas de experiencias
placenteras basadas en sexo y violencia, lo que les condena a la denominada
“trampa kármica”, o tendencia a reencarnar en condiciones siempre semejantes,
unas veces como víctimas y otras como victimarios, afectándose así su evolución
energética.
Dimensión 2 es el segundo nivel de seres cósmicos, nombrados
ángeles, con capacidad luminar, que no poseen magnitudes espaciales, y sí dos
temporales –ahora, después-, que pueden encarnar en seres físicos para vivir en
Dimensión 4 (ahora), pero proyectándose al futuro, aportando al progreso y
desarrollo integral de la sociedad. Dimensión 1 es el
tercer nivel de seres cósmicos, nombrados arcángeles, con capacidad luminar,
que no poseen magnitudes espaciales, y sí una temporal –siempre, al apreciar
todo el tiempo al mismo tiempo-, que pueden encarnar en seres físicos para
vivir en Dimensión 4 (ahora) desde donde explorar el pasado y vislumbrar el
futuro, con lo cual funcionan como profetas y guías espirituales de la
sociedad.
Dimensión 0 es el nivel máximo de seres cósmicos, donde la energía
vibra a velocidad superluminar y existe el Todo, con plenitud y perpetuidad,
como única e indivisible magnitud omnipresente y omnisciente nombrada Dios por
las doctrinas de fe; pero, es en realidad la Mente cósmica, el caudal
inteligente de la Energía universal.
Los seres cósmicos de dimensiones 3, 2 y 1 tienen que evolucionar
energéticamente para alcanzar Dimensión 0 al vibrar como taquiones, con
velocidades superluminares. Sólo así, integrados al Todo con plenitud y
perpetuidad, podrán salir de su Universo hacia otros dentro del Multiverso,
escapando a la destrucción cuando el suyo llegue al final de los tiempos como
parte de la inevitable dinámica cósmica. Los que no lo logren serán comprimidos
y desintegrados junto a toda la realidad material, en una nueva singularidad
que originará a otro Big Bang. Y para evolucionar energéticamente están
obligados a encarnar como Yo Superior de seres inteligentes en Dimensión 4,
pues, sólo la experiencia de la vida física les permite actuar en sintonía con
la Mente cósmica y purificar sus campos energéticos para armonizarlos con la
Energía universal.
Todos los seres cósmicos pueden incursionar y actuar en
dimensiones inferiores a la suya, no de forma física al carecer de las tres
magnitudes espaciales, pero sí energéticamente, lo cual es la explicación de
efectos paranormales sobre seres físicos en Dimensión 4. Los más dados a esas
prácticas son los arcontes, con intenciones nefastas para la Humanidad.
INFIERNO ARCÓNTICO…
Los arcontes son los seres cósmicos menos evolucionados en el
Universo. En comparación con los demás acaban de aparecer ahí. Por eso son
energéticamente impuros, con campos densos que sólo pueden vibrar muy por
debajo de la velocidad de la luz. Todos los seres cósmicos comienzan su
existencia como arcontes, desde donde evolucionan progresivamente a través de
muchísimas encarnaciones o experiencias vitales que les permiten purificar sus
campos energéticos para pasar a otra dimensión. Pero son pocos los arcontes que
consiguen eso, y en gran medida se resignan a permanecer en
Dimensión 3, repitiéndose indefinidamente en ciclos vitales donde regresar a
vidas pasadas para disfrutar de placeres mediante sexo y violencia, en lo que
se conoce como “trampa kármica”. Mayoritariamente renuncian a todo empeño de
perfeccionamiento y aceptan que no podrán salvarse de la desintegración al
final de los tiempos, cuando el Universo quede reducido a una singularidad, en
un nuevo ciclo de destrucción-creación.
El Karma hace que los arcontes siembren, en el Yo superior de
seres inteligentes en los que encarnan, estados de desesperanza, angustia,
frustración, bajas pasiones, tendencias suicidas, y actitudes violentas, con lo
que asegurar su dependencia inevitable a Dimensión 3, sin posibilidad alguna de
trascender espiritualmente.
Por otro lado, y aún peor, arcontes no encarnados incursionan en
Dimensión 4 como sombras que los seres físicos denominan oscuros, fantasmas o
demonios, para promover miedo y discordia, provocar conflictos de diversa
magnitud, como agresiones y guerras, y sembrar caos en la Humanidad,
convirtiéndola en una especie de infierno arcóntico, pues, con semejantes
desajustes emocionales pueden alimentarse de la energía interior de sus
víctimas, esto es, de arcontes encarnados en ellas, practicando un singular vampirismo
cósmico.
¡Todos los conflictos que sacuden la armonía y estabilidad entre
los seres inteligentes son motivados por arcontes, desde las disputas
familiares hasta las guerras mundiales! A esto se oponen los seres cósmicos
avanzados, ángeles y arcángeles, que al encarnar en esos escenarios de
Dimensión 4 ponen en acción a personajes positivos, predicadores de fe y
esperanza, educadores de conciencia, formadores de conductas, guías
espirituales… empeñados en evitar los desmanes arcónticos y rescatar el Yo
superior de sus víctimas, para que puedan librarse de la “trampa kármica” y
trascender, abandonando Dimensión 3. Es la guerra espiritual que se libra en el
Universo, condicionando la evolución de las civilizaciones.
Pero, no siempre las fuerzas positivas tienen éxito. Cuando la
acción arcóntica es devastadora e imbatible, se hace necesario el advenimiento.
La Mente cósmica interviene desde Dimensión 0 y envía al escenario de
confrontación una entidad que conlleva todo su poder, para equilibrar el
Universo. El más reciente fue el de Cristo en el planeta Tierra, originando el
mayor movimiento de fe en la historia de la Humanidad. Por eso su nacimiento,
la NAVIDAD, no es sólo un hecho planetario, terrícola, sino un acontecimiento
cósmico protagonizado por la Energía universal…
* Pedro Fulleda Bandera
Driansel
da varias vueltas en la cama. Está despierto, pero aún no quiere levantarse.
Pasó toda la madrugada en vela, como ya es su costumbre, pendiente de todos los
ruidos de la noche mientras sus ojos humedecidos no se despegan de la pantalla
del computador abierto junto a su cara. A pesar de no haber dormido no tiene
sueño, pues ya su cuerpo se adaptó a la vigilia en que consume el aburrimiento
de estas largas jornadas sin tener que asistir al colegio por causa de la
pandemia que tiene paralizado al planeta. Diríase que toda la Humanidad está en
idéntica situación, consumiéndose en el hastío y la búsqueda de opciones para
no sucumbir en la angustia y la desesperanza por el invisible enemigo que se
apropió de la realidad planetaria: el coronavirus.
Sólo
cuando su abuelo penetra en la pequeña habitación él decide abandonar el lecho.
La pandemia, a pesar de su terrible secuela de desgracias ha sido ocasión para
el estrechamiento de vínculos familiares que en la cotidianidad habitual no
tenían oportunidad de manifestarse. Por eso sus relaciones afectuosas con el
padre de su padre han alcanzado, ahora una dimensión superior. El anciano no
sólo le ayuda con los deberes escolares, que tiene que cumplir virtualmente,
sino que además ha abierto alternativas de convivencia que les permiten
compartir tiempo y lugar, y sobre todo pensamientos e inquietudes. Para el
adolescente, el abuelo es la materialización de la deseada presencia paterna,
con la que ahora no puede contar por causas inevitables. Para el anciano, el
nieto es la concreción de la anhelada necesidad de consagración en la memoria
de los seres queridos, de perdurar en el recuerdo de los más cercanos
descendientes y dejar en ellos una herencia de experiencia y buenos deseos,
bajo la suprema inspiración del amor filial.
- Hola –es el saludo
matinal del nieto.
- ¿Qué tal, mi’jo? –es la
respuesta del anciano.
- Abuelo… ¿qué vamos a
hacer hoy?
- Seguramente tienes
deberes. Ya encontrarás que hacer para no aburrirte. - Abuelo, tú no te
aburres. ¡Siempre tienes cosas que hacer!
- Ese es el secreto para
resistir la pandemia. Pero también pedirle a Dios… - Abuelo… ¿tú crees en Dios?
El anciano cierra los
ojos, como pensando su respuesta. Finalmente dice…
- ¿Sabes…? ¡Voy a contarte una historia…!
Y los dos, uno frente al otro, cruzan miradas de entendimiento.
- Al principio sólo había oscuridad. Dios dijo: “¡Hágase la luz…!”
Y comenzó la existencia. Así dice la Biblia sobre la creación del Universo.
- ¿Y tú crees en eso, abuelo?
- Bueno, lo importante en esto es saber que antes nada había y que
en un momento determinado todo surgió. Por la voluntad de Dios surgió todo lo
bueno y también todo lo malo que hay en la existencia. ¡Todo!
- Pero… ¿puedes explicarme quién es Dios…?
- En verdad, yo no podría. La religión lo define como la entidad
suprema, cuyas cualidades divinas son: ser omnisciente, omnipresente y
omnipotente.
- ¿Omnis… qué…?
- Omnisciente, significa que todo lo sabe; omnipresente, que está
en todas partes; omnipotente, que lo puede todo. Es la entidad más poderosa en
el Universo. Pero también es la más controversial, pues hay varias premisas que
así lo indican. ¿Quieres verlo…?
- ¡Claro… para eso estoy aquí!
PREMISA 1:
-
Si Dios lo puede todo, ¿puede crear a otros
seres, también todopoderosos? ¡Claro que puede! Él creó a los arcángeles, un
ejército de seres divinos, igualmente todopoderosos, para que le ayuden en su
obra universal. Uno de ellos es Lucifer, que se rebeló contra Dios y fue
expulsado del Reino celestial, por lo que pasó a reinar en el Infierno, al
frente de las legiones diabólicas que promueven el mal entre la Humanidad.
PREMISA 2:
-
Si Dios lo sabe todo, ¿pudo conocer sobre la
traición de Lucifer incluso antes de crearlo? ¡Claro que debió saberlo! Pero,
aun así, lo creó. Entonces, hay tres posibles explicaciones: 1) no lo supo, 2)
a pesar de saberlo no lo pudo evitar, 3) a pesar de saberlo lo hizo
intencionalmente.
PREMISA 3:
-
Si Dios es todopoderoso, ¿puede destruir a
otros seres, también todopoderosos? ¡Claro que no puede! Ellos son
todopoderosos, frutos de su creación y por tanto poseen las cualidades de su
creador. Por eso Dios no puede eliminar de una vez por todas a Lucifer, quien
es su antagonista eterno e irreconciliable.
PREMISA 4:
-
Si Dios está en todas partes, ¿puede estar
también en el Infierno, donde reina Lucifer? ¡Claro
que no puede! La presencia de Dios en ese sitio es
absolutamente inconcebible. De lo contrario, también habría que aceptar que
estaría contaminado por el mal.
-
Abuelo, según esas premisas, Dios estaría lleno
de contradicciones…
-
Tal es la paradoja de Dios… lo que no significa
que no exista, pero sí con cualidades divinas que no son precisamente las de
omnisciencia (lo niega la premisa 2), omnipotencia (lo niega la premisa 3) y
omnipresencia (lo niega la premisa 4). Zeus, la suprema divinidad de los
antiguos griegos, poseía virtudes y defectos casi humanos, por lo que estaría
más cerca de la realidad que el Dios de nuestras religiones actuales.
-
Entonces, sin esas cualidades divinas… ¿qué
sería Dios?
-
Pues, algo así como una extraordinaria Mente
cósmica que rige el Universo, influyendo con su poder en todas las mentes
individuales de los seres inteligentes donde quiera que existan. ¡La clave para
entender a Dios es comprender a esos seres inteligentes! Dentro de cada uno
puede existir el Reino celestial o el Infierno, según inclinen sus acciones al
bien o al mal. Tienen libre albedrío para decidir… Si lo hacen por el bien
estarán incrementando el poder de Dios y eliminando la presencia de Lucifer. Si
lo hacen por el mal, sería todo lo contrario.
-
Entonces… ¿esa batalla entre bien y mal es
dentro de cada cual…?
-
¡Exactamente! Y por eso Dios envió a su máxima
creación a predicar con su propia vida entre los seres humanos. ¿Sabes de quién
hablo…?
-
¿De Jesús…?
-
¡Él es la más poderosa arma de Dios contra
Lucifer!
-
Abuelo… ¿y cómo terminará todo eso?
-
Pues, si a pesar del sacrificio de Jesús la
Humanidad sigue aferrada a su práctica del mal habría dos posibilidades: o el
Salvador vuelve otra vez a intentarlo entre nosotros, o la Mente cósmica decide
rectificar sus errores, hacer borrón y cuenta nueva con toda la Humanidad,
usando para eso la fuerza de la Naturaleza.
-
¡Caramba…! - Ahora mismo podríamos estar en esa encrucijada. ¿Será
esta pandemia una prueba de que estaremos sometidos al exterminio por nuestras
culpas…? ¡No, abuelo! ¡Yo prefiero confiar en que tendremos una nueva
oportunidad…!